El pasado 31 de agosto se reunieron en la Ciudad de Tianjin, al sur de la capital de China, Pekín, el presidente y secretario general del Partido Comunista Chino, Xi Jinping y el primer ministro de la India, Narendra Modi, sostuvieron su primera reunión presencial desde 2018 en el marco de la 25ª reunión de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), ente intergubernamental para la cooperación en materias de seguridad, economía y cultura que reúne a las dos naciones mencionadas, así como Rusia, Irán y Paquistán.
Al margen de dicha cumbre, ambos países sostuvieron una reunión, durante la cual intercambiaron elogios y buenos augurios en cuanto al devenir de las relaciones bilaterales en el contexto actual.
Jinping declaró que “lograr una ‘danza del elefante y el dragón’ es la dirección correcta tanto para China como para la India”, mientras que Modi destacó los esfuerzos de ambas potencias por entablar relaciones diplomáticas benéficas y duraderas.
Para distintos analistas internacionales este encuentro marca un antes y un después en el equilibrio de poder político, económico y comercial en el mundo. Después de algunos episodios aislados de tensión en regiones muy específicas de los casi 3 mil 500 kilómetros de frontera que comparten ambos países, las cuotas arancelarias interpuestas recientemente por el presidente Donald Trump del 50% a los productos provenientes de la India, acercaron al gobierno ultranacionalista de Modi al eje de poder chino, que se coloca como un defensor del comercio multilateral en detrimento de las esferas de influencia estadounidenses.
No es menor el acercamiento. De acuerdo con datos del Banco Mundial, el PIB de China y la India en 2024 rondaron los 16 y los 3.4 billones de dólares anuales, con distribuciones Per cápita a casi 2 mil 700 dólares en la India y 13 mil 300 dólares en China. A pesar de que en ningún momento ambos países pueden igualar los ingresos por exportaciones a los Estados Unidos con un poder de consumo representado en su PIB Per cápita de 86 mil dólares anuales, ambas economías ya comparten lazos comerciales significativos.
Según el Observatorio de Complejidad Económica, la India exportó a China en 2023, 17 mil millones de dólares en bienes y servicios, ubicándose como su cuarto socio comercial. Por su parte, China exportó cerca de 120 mil millones de dólares en el mismo año. Como se observa, hay una relación asimétrica en la balanza.
Estos datos nos pueden ayudar a deducir dos cosas. A pesar de que el poder de consumo de la India es mucho menor que el de los Estados Unidos, el mercado indio ya es un consumidor fiel de los bienes y servicios de China. Además, las inversiones de este último a través de los distintos bancos de desarrollo administrados desde Pekín, pueden generar proyectos de infraestructura que potencien sus capacidades de producción.
En este escenario, la India puede ocupar el lugar de China en un papel similar al que desempeñó aquel país para Estados Unidos en los años noventa: convertirse en un parque industrial barato, con mano de obra abundante y en expansión, dispuesto a ensamblar y producir bienes a gran escala para satisfacer la demanda de las cadenas globales de valor. Si China logra consolidar esta asociación sin que las tensiones fronterizas ni la presión estadounidense la fracturen, el elefante y el dragón no solo podrían bailar juntos, sino reconfigurar de manera duradera el equilibrio económico mundial.
Columna ‘Datos y Cuentos’ por Jean Lenin Corona
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