Una nueva escalada de violencia sacude a Cisjordania tras el incendio intencional de la mezquita Hajja Hamida, ubicada entre las localidades de Deir Istiya y Kafr Haris, en el norte de Salfit. Autoridades palestinas declaran que el ataque fue perpetrado por colonos israelíes, quienes arrojaron materiales inflamables, quemaron copias del Corán y pintaron mensajes racistas en las paredes del templo.
El suceso se produjo apenas un día después de que altos mandos militares israelíes condenaran la violencia de los colonos, en un contexto en el que las agresiones contra palestinos alcanzaron niveles sin precedentes. Sólo en octubre se documentaron más de 2.300 ataques en Cisjordania, la cifra más alta desde 2013, de acuerdo con la Comisión de Resistencia al Muro y a los Asentamientos (CRCM).

Entre los grafitis dejados en el templo se leían frases de desafío a las recientes críticas militares, como “nos vengaremos de nuevo” y “sigan condenando”, en aparente alusión al general Avi Bluth, quien había calificado de “graves” los ataques de colonos.
El Ministerio de Asuntos Exteriores palestino responsabilizó directamente al Gobierno israelí, denunciando que la impunidad y la complicidad de las fuerzas de ocupación incentivan este tipo de crímenes. Por su parte, el grupo Hamás calificó el incendio como un crimen atroz y una muestra del racismo estructural del régimen sionista, apelando a la comunidad internacional a actuar para frenar la violencia y proteger los lugares sagrados.
Incluso dentro de Israel hubo críticas: el exdiputado Yair Golan consideró el ataque como una “escalada del terrorismo judío”, y reprochó la actitud permisiva de ministros de extrema derecha como Bezalel Smotrich e Itamar Ben-Gvir, señalados de alentar el extremismo de los colonos.
En tanto, organismos internacionales como la ONU alertaron sobre el deterioro de la situación humanitaria en Cisjordania, donde la violencia ha provocado el desplazamiento de más de 30 mil palestinos desde inicios de año y la destrucción de aldeas, cultivos y viviendas.
El incendio de la mezquita, sumado a los ataques simultáneos en Ramala, Nablus y Hebrón, refleja el avance de la política de anexión israelí y la radicalización de los grupos de colonos, en un escenario que amenaza con romper la frágil estabilidad posterior al alto el fuego en Gaza.
Fotografías: Redes












