Columnas

Cursos propedéuticos en la educación superior, incluida la BUAP

Un recurso mediante el cual se alcanzan los resultados más justos posibles

En artículos recientes de mi autoría he estado aplicando algunos de los resultados de investigación de Roberto Vélez Grajales y de Luis Monroy-Gómez-Franco expuestos en su libro denominado Por una cancha pareja. Igualdad de oportunidades para lograr un México más justo, publicado en noviembre de 2023.

Cito, pues, algunas conclusiones relevantes al final del capítulo dedicado a la meritocracia. “…un régimen de igualdad de oportunidades exige cuestionar la idea del mérito como criterio de asignación y, en cambio, emplear la del grado de esfuerzo. El cambio …implica reconocer que se busca contrarrestar la importancia, ya sea a favor o en contra, de las circunstancias. …busca tanto igualar los puntos de partida de las personas como eliminar los factores que hacen que el esfuerzo de unas personas valga más que el de otras respecto de los resultados de vida que dicho esfuerzo trae consigo.” (op. cit. pp. 75-76)

Esta caracterización del régimen de igualdad de oportunidades apunta a su objetivo central: alcanzar la igualdad real y no formal de las personas.

Me viene a la mente la expresión de una colega que en reunión de academia del colegio de Filosofía expresó su descontento con estas palabras: “Sí, pero resulta que unos son más iguales que otros”. Parecía absurdo lo que decía, pero era la forma irónica de expresar la desigualdad real entre los miembros de la academia de profesores(as).

Si realmente estamos por un régimen que iguale oportunidades, deberíamos ver de qué manera se podría implementar en el ámbito de que se trate. En nuestro caso es el ámbito de la educación superior.

Ya señalamos la enorme desigualdad de trato y de condiciones laborales entre las y los docentes contratados por hora clase y los que son profesores(as) de carrera (Medio Tiempo y Tiempo Completo), y propusimos el mecanismo del examen por oposición transparente como el idóneo para igualar oportunidades de ingreso a la universidad.

¿Qué podríamos proponer para igualar las oportunidades de las y los jóvenes para estudiar la licenciatura de su elección?

Creemos que la introducción de cursos propedéuticos por cada programa educativo disminuiría la enorme desigualdad con la que los aspirantes presentan su examen de admisión que, como hemos señalado ya en muchas ocasiones, en realidad es un examen de exclusión.

No estaríamos partiendo de cero. En el nivel de posgrado se ha establecido en multitud de programas. En el caso específico del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, desde hace más de tres décadas estos propedéuticos tienen una duración de al menos seis a diez semanas.

Enumeremos sus ventajas más relevantes.

La primera es que el programa de un propedéutico es el resultado de la reflexión y discusión que la academia de docentes a cargo de esa licenciatura lleva a cabo para determinar el cuerpo de conocimientos básico e indispensable para que el estudiante del nivel medio superior continúe sus estudios en esa disciplina y en el trabajo profesional para el cual se prepara.

No es un trabajo menor para la academia de docentes llegar a establecer un buen curso propedéutico, pues como señala el diccionario de la RAE, el curso propedéutico es la “Enseñanza preparatoria para el estudio de una disciplina”; y aunque los planes de estudios de las distintas licenciaturas están organizados en áreas, lo cual constituye una forma de concebir el cuerpo básico de conocimientos y su ejercicio o aplicación, el curso propedéutico introduce al estudiante a la disciplina como un todo y en toda su complejidad.

Esta introducción es fundamental por una simple razón, y esta es la segunda ventaja, pues permite al estudiante confirmar que esa licenciatura es la de su preferencia. Es cierto que la elección depende también de las perspectivas de trabajo que le abren sus estudios, pero el gusto por estudiar esa disciplina ayuda al estudiante a no abandonar sus estudios, pues hace bien lo que disfruta y disfruta lo que hace bien.

La tercera ventaja y dado el punto central de un examen de admisión, es que el curso propedéutico “empareja la cancha” para los(as) aspirantes. Todos(as) ellos(as) vienen con distintas ventajas y desventajas de origen, desde el estatus socioeconómico, y todo lo que ello implica, hasta sus características personales e historias de vida. Podrán venir de distintas comunidades, cultural y educativamente hablando, pero lo que los(as) uniforma es el deseo de estudiar esa disciplina.

De esta manera, lo que el curso propedéutico intenta es atenuar la disparidad de la preparación previa y de la “suerte” en su recorrido de vida y tratar así de ofrecer igualdad de oportunidades para ingresar a la educación superior.

Esta es la mayor ventaja de la instauración de un curso propedéutico, transformar el examen de admisión en un paso más en la formación del estudiante y dejar de ser el cuello de botella en que se ha convertido para excluir a las personas que no tienen el control de sus circunstancias de origen.

No es que el curso propedéutico sea la panacea, pero definitivamente es un recurso que hace del examen de admisión, mientras sea necesario, un medio que contribuye a obtener los resultados más justos posibles.

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