El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a intervenir de forma directa en los asuntos internos de otro país, al instar públicamente a la población iraní a mantener las protestas y sugerir que “ayuda” externa se dirige hacia Irán, sin precisar su naturaleza ni alcance.
A través de su red Truth Social, Trump alentó a los manifestantes a tomar instituciones del Estado, mientras anunciaba la cancelación de cualquier contacto con autoridades iraníes, condicionando cualquier diálogo al cese de la represión contra las protestas. El mensaje fue interpretado como un respaldo explícito a la desestabilización interna del país persa.
Las manifestaciones en Irán, que estallaron por el deterioro económico y la depreciación de la moneda, representan el mayor desafío interno para el Gobierno iraní en al menos tres años, en un contexto marcado por presiones externas crecientes tras ataques militares recientes atribuidos a Israel y Estados Unidos.
De acuerdo con un funcionario iraní citado por Reuters, alrededor de 2 mil personas habrían muerto durante más de dos semanas de disturbios, cifra reconocida oficialmente por primera vez por autoridades del país. El mismo funcionario atribuyó las muertes tanto de manifestantes como de agentes de seguridad a actores calificados como “terroristas”, sin ofrecer detalles adicionales.
Las declaraciones de Trump se producen mientras Irán enfrenta una combinación de crisis económica, tensión social y presión geopolítica, lo que refuerza las acusaciones desde Teherán de que las protestas están siendo instrumentalizadas desde el exterior como parte de una estrategia de injerencia.
Al llamar abiertamente a continuar las movilizaciones y prometer apoyo sin explicar mecanismos ni responsables, Trump reaviva el debate sobre el papel de Washington en conflictos internos de otros Estados, así como el uso del discurso de “ayuda” como cobertura política para presiones indirectas o futuras acciones.
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