Un informe oficial de la Defensoría Pública de Israel reveló pruebas contundentes de tortura y violencia sistemática contra prisioneros palestinos. El documento, difundido el 22 de enero, confirma que los detenidos sufren palizas recurrentes en áreas sin cámaras de seguridad, lo que evidencia una práctica deliberada para ocultar los abusos.
Los inspectores describieron haber encontrado reclusos en estado esquelético por la privación de alimentos. Durante visitas a cárceles como Ketziot, observaron signos de negligencia médica y desnutrición extrema. «Vimos costillas y pelvis protuberantes en reclusos que apenas podían sostenerse», señalaron los investigadores.
Además de la violencia física, los prisioneros enfrentan condiciones insalubres y hacinamiento, que han provocado brotes de enfermedades. El informe califica las instalaciones como «no aptas para seres humanos». También se documentó el uso de esposas excesivamente apretadas que generan heridas permanentes y deformaciones.
Aunque las autoridades penitenciarias niegan la sistematicidad de los abusos, el informe contradice estas versiones con pruebas gráficas. Los reclusos son obligados a caminar en posiciones antinaturales para mitigar el dolor de sus lesiones. Estos vejámenes, denunciados previamente por organismos internacionales, ahora cuentan con el respaldo de inspectores del propio Estado.
La Defensoría envió un anexo confidencial a la Fiscalía General con detalles de delitos cometidos por custodios. En contraste, el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, defendió públicamente el endurecimiento de las condiciones carcelarias, reforzando las denuncias sobre un plan institucionalizado de castigo colectivo.
El Tribunal Supremo de Justicia ya había dictaminado el año pasado que el Estado incumplía sus obligaciones de alimentación básica. Sin embargo, los nuevos hallazgos muestran que la situación se ha deteriorado gravemente en los últimos meses.
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