La renuncia de Blanca Alcalá Ruiz al Partido Revolucionario Institucional (PRI) confirma el profundo deterioro interno que atraviesa el partido, que continúa perdiendo cuadros históricos en medio de una crisis política y de identidad que parece no tener freno.
Tras 40 años de militancia, la exalcaldesa de Puebla formalizó su salida del PRI al solicitar su baja definitiva del padrón, al considerar que el partido dejó de representar los principios democráticos y de diálogo que originalmente le dieron sentido a su afiliación.
La exsenadora expuso que el tricolor se ha transformado en un espacio cerrado, sin debate interno ni apertura a la pluralidad, situación que, lejos de corregirse, se profundizó durante las últimas dirigencias. Esta falta de discusión y autocrítica interna ha sido uno de los factores que, de acuerdo con su postura, aceleró la pérdida de rumbo del partido.
A ello se suman los cambios recientes a los estatutos del PRI, los cuales generaron inconformidad entre militantes con trayectoria y reforzaron la percepción de que las decisiones se toman desde cúpulas alejadas de las bases, debilitando aún más la vida democrática del instituto político.
La salida de Alcalá Ruiz ocurre en pleno proceso de renovación de la dirigencia estatal del PRI en Puebla, ahora encabezada por Xitlalic Ceja y Lorenzo Rivera. Aunque la nueva dirigencia intentó retener perfiles emblemáticos, la renuncia de una figura histórica evidencia que los ajustes internos no han sido suficientes para frenar la descomposición del partido.
La exfuncionaria fue enfática al señalar que su salida no responde a una ambición electoral inmediata ni a la búsqueda de una candidatura en otro partido, sino a una decisión personal derivada del desgaste institucional del PRI. Si bien ha recibido invitaciones de distintas fuerzas políticas, aclaró que no tiene interés en sumarse a otra plataforma en el corto plazo.
Blanca Alcalá anunció que continuará participando en el debate público desde la ciudadanía, opinando sobre el rumbo del país y las políticas públicas, sin formar parte de una estructura partidista que, a su juicio, ha perdido conexión con la sociedad.
Su renuncia se suma a una cadena de deserciones que reflejan la caída libre del PRI, un partido que alguna vez dominó la vida política nacional y que hoy enfrenta una pérdida constante de credibilidad, liderazgos y presencia electoral. A pesar de que PAN y Movimiento Ciudadano han reconocido su perfil, el caso de Alcalá Ruiz pone sobre la mesa un problema más profundo: la incapacidad del PRI para retener a sus propios cuadros históricos.
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