Columnas

Nombrar para invadir. El Cartel de los Soles como pretexto

La administración de Donald Trump, bajo lo que hemos llamado Doctrina Donroe, ha empujado con fuerza una narrativa que busca fundir narcotráfico y terrorismo en un mismo paquete conceptual. Aunque parece inocente pelear por conceptos no es una cuestión de idolatría semántica, no es un gesto retórico o recurso narrativo, es un cambio de fase. Convertir cárteles en organizaciones terroristas no solo es una etiqueta, es una herramienta jurídica y militar que abre un abanico de posibilidades físicas y materiales, una gama de operaciones e intervenciones que antes requerían excusas más discretas o alianzas más complejas. Sin conciencia política, la diplomacia es un asunto del pasado, el imperio contraataca con violencia brutal y se muestra orgulloso a plena luz del día.

La narrativa del “nuevo” orden mundial no necesita precisión científica ni rigor judicial para funcionar en los imaginarios de la vox populi. Su objetivo es otro, construir un enemigo absoluto, una amenaza existencial que desactive cualquier resistencia moral. Por mucho que el amarillismo insista, nadie va a defender cárteles del narcotráfico, ni el fentanilo o la cocaína, ahí radica la eficacia política del narcotráfico como pretexto, todo el mundo lo odia, por lo tanto ciertos grupos de pensamiento conservador toleran cualquier medida en su contra, incluso la violencia exacerbada bajo la forma de la guerra.

En este marco, podemos ver la invasión a Venezuela por parte del gobierno de los Estados Unidos como un ejemplo práctico de la construcción de conceptos para fabricar un enemigo a modo, así como de la manera en la que las palabras, que no tienen materialidad propia, funcionan como proyectiles capaces de descalabrar a cualquiera.

El llamado Cartel de los Soles aparece como pieza central del relato. Durante años, el discurso estadounidense presentó a ese “cartel” como una estructura criminal organizada de manera clásica, con formas piramidales, liderazgos únicos alojados en la cúspide del Estado mismo. El problema es que esa representación funciona como un término que describe más bien redes dispersas, células corruptas, circuitos de protección y tráfico incrustados en instituciones, no una organización uniforme con mando vertical como los cárteles mexicanos.

La realidad es que el Cartel de los Soles opera mejor como metáfora de corrupción militarizada que como cártel en el sentido estricto. Aun así, en la narrativa del imperio esa diferencia es irrelevante, porque lo que importa no es describir sino habilitar posibilidades de injerencia.

Cuando un imperio necesita intervenir, primero convierte metáforas locales en estructuras criminales globales. Toma una frase, la cristaliza como entidad, la convierte en objeto, luego en expediente jurídico, económico y político. En noviembre de 2025, el Departamento de Estado de EE. UU. anunció la designación del Cartel de los Soles como organización terrorista extranjera, formalizando el proceso para extender la guerra antiterrorista hacia América Latina mediante el lenguaje del narcoterrorismo¹.

Tan solo dos meses después, en enero de 2026, tras la captura del presidente Maduro en una operación todavía envuelta en versiones cruzadas y guerra informativa, comenzó a circular un dato que debió haber sido un escándalo mayor. El gobierno de los Estados Unidos dejó de sostener con la misma fuerza la idea de que Maduro fuera jefe de una organización “cartelizada” clásica. En documentos judiciales actualizados, el Cartel de los Soles aparecía descrito más como un patronage system, una estructura clientelar de corrupción alimentada por dinero del tráfico de drogas e influencias². Es decir, primero se fabrica un enemigo total, luego se interviene el territorio, y después, con el daño hecho y el precedente sembrado, se ajusta el discurso jurídico. La corrección llega tarde, pero a nadie le importa, porque la guerra ya produjo su principal resultado, instauró una forma de sentido geopolítico.

Esto no significa que en Venezuela no existan redes de corrupción o economías criminales incrustadas en instituciones estatales, como ocurre en prácticamente todos los países. El punto no es moral, es estructural. El método del imperio no busca reducir el narcotráfico, busca reorganizar el control de recursos estratégicos, petróleo, minerales, rutas logísticas, corredores comerciales y soberanía política de quienes no se alineen a los nuevos mecanismos de disciplina hemisférica. Diversos análisis latinoamericanos han mostrado cómo el discurso estadounidense ha ido desplazándose del narcoterrorismo hacia el petróleo y el control energético³.

Como hemos venido señalando en esta columna, la violencia brutal no es una anomalía del orden capitalista, es parte de su funcionamiento. La guerra no solo es gore, es un sector productivo. Produce contratos, presupuestos, tecnologías, vigilancia, armas, seguridad privada, control de poblaciones. En esta economía política de la violencia, el narcotráfico cumple un doble papel, pretexto perfecto para intervenir y engranaje funcional del propio capitalismo global.

Podría decirse que la Doctrina Donroe se distingue de la Doctrina Monroe no por ser más cruel, sino por su transparencia. Domina sin máscara, pero no en favor de la vida, la diversidad o el crecimiento colectivo, sino de un nacionalismo turbulento del que solo salen beneficiados los países con mayor poder armamentístico. La fabricación del Cartel de los Soles debe leerse como un método imperial, un procedimiento que consta en nombrar, situar, sitiar, intervenir y ajustar, la verdad no importa, porque vendrá después. El imperio no se sostiene de la verdad, se sostiene en su capacidad de imponer su sentido y hacerlo común.

Bajo este método, si hoy el significante perfecto es Venezuela, mañana puede ser cualquiera. Si la palabra terrorismo se volvió llave para abrir operaciones contra cárteles, entonces no se trata solo de narcotráfico, se trata del retorno de un imperialismo caníbal cyborg que ya no necesita demostrar, solo necesita nombrar para ejecutar cualquier demanda o capricho, lo demás viene después, el expediente, la nota, la corrección jurídica, la disculpa tibia si llega. Para entonces, el territorio ya cambió de dueño, el sentido común ya fue impuesto, la violencia ya produjo su cosecha.

Fuentes

  1. InSight Crime. Análisis sobre el uso político del concepto “Cartel de los Soles” y su tratamiento en clave de seguridad hemisférica.
  2. Reportaje sobre el cambio en el documento judicial, enero 2026, Cartel de los Soles como patronage system.
    https://www.lemonde.fr/en/international/article/2026/01/07/venezuela-us-no-longer-accuses-nicolas-maduro-of-leading-the-cartel-de-los-soles_6749159_4.html
  3. CELAG. Análisis sobre petróleo, sanciones, disputa geopolítica y reconfiguración del control económico en Venezuela.

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