El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, dejó claro que Washington no descarta el uso de la fuerza si el Gobierno encargado de Venezuela se niega a alinearse con el plan estadounidense tras el derrocamiento de Nicolás Maduro, ocurrido a inicios de enero.
Durante su primera comparecencia pública ante el Senado desde la operación militar, Rubio explicó que la Casa Blanca evalúa constantemente el nivel de cooperación de las autoridades interinas, y considera que todas las opciones siguen sobre la mesa para garantizar la estabilidad del país sudamericano. El funcionario sostuvo que la prioridad es asegurar que el nuevo liderazgo venezolano respalde los objetivos estratégicos definidos por el presidente Donald Trump.
El jefe de la diplomacia estadounidense insistió en que la acción militar no debe interpretarse como una guerra, sino como una operación limitada de apoyo a las fuerzas del orden. Según su explicación, Estados Unidos no mantiene tropas en territorio venezolano, argumento que la administración ha utilizado para justificar la ausencia de autorización previa del Congreso, una decisión que generó fuertes críticas tanto de demócratas como de algunos republicanos.
Pese al malestar legislativo, los intentos por restringir las facultades presidenciales en materia de guerra no lograron prosperar en el Capitolio.
Presión política y desconfianza sobre Delcy Rodríguez
Rubio dejó entrever que Delcy Rodríguez, presidenta interina tras la captura de Maduro, conoce el destino de su antecesor y entiende que su permanencia en el poder depende de su disposición a colaborar con Washington. No obstante, informes de inteligencia estadounidenses han generado dudas sobre su compromiso real, especialmente en lo referente a romper vínculos con países considerados adversarios de EE.UU., como Irán, China y Rusia.
Funcionarios estadounidenses han expresado públicamente su expectativa de que Caracas expulse diplomáticos y asesores de esos países, pero hasta ahora Rodríguez no ha anunciado medidas concretas, a pesar de que representantes de dichas naciones asistieron a su juramentación.
La CIA ha mantenido contacto directo con la mandataria interina. Su director, John Ratcliffe, viajó recientemente a Caracas para abordar el futuro político del país, aunque no está claro si ese diálogo modificó la evaluación de los organismos de inteligencia.
Fondos, petróleo y control financiero
Rubio también detalló que la administración Trump diseñó un mecanismo financiero temporal para sostener servicios básicos en Venezuela, como seguridad, saneamiento y funcionamiento administrativo. Los recursos, explicó, provendrían de la venta de petróleo venezolano sancionado, comercializado a precios de mercado.
El plan contempla auditorías y presupuestos mensuales, con el objetivo de evitar desvíos y garantizar que los fondos se utilicen exclusivamente para atender necesidades urgentes de la población. Según Rubio, el Gobierno encargado ha mostrado disposición para adquirir medicamentos y equipos directamente a proveedores estadounidenses.
El secretario de Estado afirmó que, gracias a este esquema y al diálogo con las estructuras de poder locales, no se ha registrado una migración masiva ni una guerra civil, escenario que Washington buscaba evitar.
Aliados incómodos y riesgos estratégicos
Uno de los mayores desafíos para Estados Unidos es que Rodríguez mantiene profundos vínculos con el sector petrolero y con antiguos aliados de Maduro. Venezuela ha dependido históricamente de Irán para reparar refinerías, de China como acreedor petrolero y de Rusia como proveedor de armamento, además del apoyo de Cuba en inteligencia y seguridad.
Aunque la mandataria interina ha tomado medidas para ganarse el favor de Washington, como liberar presos políticos y autorizar la venta de millones de barriles de crudo a EE.UU., también ha expresado públicamente su hartazgo ante la intervención estadounidense, lo que incrementa la incertidumbre sobre su lealtad a largo plazo.
Dentro del propio gobierno de Trump no existe una alternativa inmediata a Rodríguez, aunque ya se exploran contactos con altos mandos militares y de seguridad en caso de un cambio de estrategia.
María Corina Machado, una opción a futuro
En paralelo, Rubio tiene previsto reunirse con la líder opositora María Corina Machado, a quien conoce desde hace años y a quien incluso postuló en el pasado al Premio Nobel de la Paz. Sin embargo, dentro de la administración estadounidense se reconoce que actualmente no cuenta con el respaldo del aparato de seguridad ni del sector petrolero, factores clave para gobernar el país.
Pese a ello, Machado mantiene alta popularidad interna y algunos sectores aseguran que ganó las elecciones de 2024. El propio Trump ha señalado que desea verla involucrada en el liderazgo venezolano, aunque como una opción a largo plazo, posiblemente en un rol asesor por ahora.
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