Estados Unidos y Rusia acordaron reactivar el diálogo militar de alto nivel luego de la expiración del tratado New START, el último acuerdo vigente que imponía límites verificables a los arsenales nucleares estratégicos de ambas potencias. La decisión fue confirmada por el Pentágono el mismo día en que el pacto dejó de tener efecto, marcando el fin de más de 50 años de mecanismos formales de control nuclear entre Washington y Moscú.
El tratado, en vigor desde 2010 y prorrogado en 2021, establecía topes estrictos al número de ojivas nucleares desplegadas y a los sistemas estratégicos activos. Su desaparición deja a Estados Unidos y Rusia sin restricciones legales sobre el tamaño y la composición de sus arsenales, un escenario que ha encendido alertas en la comunidad internacional.
Desde Moscú, autoridades rusas hicieron saber que, tras el vencimiento del acuerdo, el país ya no enfrenta limitaciones sobre la cantidad de ojivas que puede desplegar, lo que refuerza la percepción de un nuevo equilibrio estratégico sin reglas claras.
Por su parte, el Comando Europeo de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos explicó que mantener canales de comunicación directa entre fuerzas militares es clave para evitar errores de cálculo, reducir tensiones y preservar la estabilidad global, incluso en contextos de confrontación. En ese sentido, el reinicio del diálogo busca favorecer la transparencia y prevenir una escalada accidental entre las dos principales potencias nucleares del mundo.
El entendimiento para retomar los contactos militares se produjo tras avances diplomáticos en las conversaciones sobre el conflicto en Ucrania, celebradas recientemente en Abu Dabi. En estos encuentros participaron figuras clave del entorno del presidente Donald Trump, lo que sugiere un intento de vincular el diálogo estratégico con el proceso de negociación regional.
La desaparición del New START ha generado preocupación entre gobiernos aliados y organizaciones defensoras del desarme, que advierten sobre el riesgo de una nueva carrera armamentista. La OTAN, en ese contexto, ha instado a las potencias nucleares a actuar con prudencia y responsabilidad ante la falta de un marco jurídico vinculante.
Hasta su expiración, el tratado limitaba a 1,550 las ojivas nucleares estratégicas desplegadas por cada país. Sin embargo, las cifras actuales superan esos topes, y tanto Estados Unidos como Rusia mantienen miles de armas adicionales almacenadas o fuera de servicio, lo que eleva significativamente su capacidad nuclear total.
En conjunto, Washington y Moscú concentran cerca del 87 % del arsenal nuclear mundial, un dominio que los coloca en el centro de cualquier esfuerzo por preservar la estabilidad estratégica global. Expertos advierten que el vacío legal podría incentivar a otras potencias, como China, a acelerar la expansión de sus arsenales.
Mientras tanto, la continuidad y profundidad del diálogo militar entre Estados Unidos y Rusia será determinante para evitar un deterioro mayor del sistema internacional de control de armas y contener los riesgos asociados a la proliferación nuclear.
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