La exalcaldesa de Puebla y exsenadora, Blanca Alcalá Ruiz, anunció este martes su incorporación al Partido Acción Nacional (PAN), después de casi 40 años de militancia en el PRI. Su cambio de partido se da en un momento de reestructuración política y búsqueda de espacios de poder, lo que genera cuestionamientos sobre sus verdaderas motivaciones.
Alcalá argumentó que su renuncia al PRI obedeció a diferencias con la dirigencia y a la percepción de exclusión interna, y que su ingreso al PAN responde a un compromiso con la democracia y causas ciudadanas. Sin embargo, críticos señalan que su decisión llega en plena estrategia electoral rumbo a 2027, lo que podría interpretarse como un movimiento calculado para mantener relevancia política más que un compromiso ideológico.
Durante su presentación junto a Jorge Romero, dirigente nacional del PAN, y líderes estatales como Mario Riestra y Genoveva Huerta, Alcalá se describió como “una mujer de causas más que de cargos”, aunque no descartó que su llegada al blanquiazul beneficie también a su proyección personal dentro del partido.
Por su parte, el PAN, que sufrió derrotas significativas en 2024, presentó la adhesión de Alcalá como parte de su estrategia para abrir sus procesos internos a la sociedad civil y fortalecer su presencia rumbo a 2027. Analistas políticos advierten que estas incorporaciones pueden ser más un intento de sumar figuras mediáticas que un verdadero fortalecimiento ideológico, evidenciando la fragilidad del proyecto blanquiazul en el país.
Alcalá reconoció haber recibido ofertas de otros partidos, pero optó por el PAN, descartando buscar la alcaldía de Puebla en 2027. Algunos observadores consideran que su decisión refleja una visión pragmática del poder político más que un compromiso con un cambio profundo.
Con su incorporación, Blanca Alcalá se une a otros expriistas que han transitado al PAN, mostrando cómo los partidos mexicanos utilizan la movilidad de figuras políticas para intentar recomponer fuerzas en momentos críticos, mientras la ciudadanía observa con escepticismo si estas decisiones realmente impulsan la renovación democrática o simplemente consolidan intereses personales.
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