Desde el 3 de enero de 2026, fecha en que fuerzas de Estados Unidos ejecutaron la aprehensión forzosa de Nicolás Maduro en territorio venezolano —hecho que Caracas y Beijing calificaron como violatorio del derecho internacional— la presencia de altos funcionarios estadounidenses en Venezuela ha sido constante y políticamente significativa.
En poco más de un mes, al menos tres visitas de alto nivel han marcado una nueva fase en la relación bilateral: inteligencia, diplomacia y energía. Una secuencia que, más que casual, parece cuidadosamente escalonada.
Inteligencia primero: la visita del director de la CIA
A mediados de enero, el director de la CIA, John Ratcliffe, realizó una visita discreta a Caracas. El encuentro, según trascendidos diplomáticos, se dio en el contexto inmediato posterior a la captura de Maduro y tuvo como eje la “estabilidad institucional” y la seguridad estratégica.
No fue una visita protocolaria ni económica. Fue política y geopolítica.
Que el primer funcionario estadounidense en pisar Caracas tras la detención haya sido el jefe de inteligencia revela prioridades: control de información, interlocución directa con el nuevo poder en Miraflores y definición de líneas rojas. En términos diplomáticos, fue una señal de que Washington no dejaría el tablero venezolano a la improvisación.
Reapertura diplomática: la encargada de negocios
Días después arribó Laura Dogu, designada encargada de negocios de Estados Unidos en Venezuela, en un movimiento que marcó la reactivación formal de la representación diplomática estadounidense, cerrada desde 2019.
Fue recibida por Delcy Rodríguez en el Palacio de Miraflores el 2 de febrero. El gesto tuvo doble lectura: normalización institucional y reconocimiento tácito del nuevo momento político.
Washington pasó así del terreno de la inteligencia al diplomático. Un tránsito calculado que busca reconstruir canales formales sin abandonar la presión estructural que ha caracterizado la política estadounidense hacia Venezuela durante la última década.
Energía y petróleo: la llegada de Chris Wright
Este 11 de febrero, el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, llegó a Caracas. La agenda es clara: petróleo, infraestructura y reactivación del sector energético.
Tras años de sanciones que asfixiaron a PDVSA y limitaron el acceso a mercados y financiamiento, Washington aparece ahora interesado en “evaluar oportunidades” y “fomentar inversiones”. El discurso oficial habla de cooperación; la realidad apunta a la necesidad estadounidense de asegurar suministro energético en un contexto global volátil.
La secuencia es reveladora:
Inteligencia.
Diplomacia.
Energía.
Estados Unidos no ha reconocido error alguno por la captura de Maduro ni por el historial de sanciones que profundizó la crisis económica venezolana. Sin embargo, sí ha comenzado a mover fichas para reposicionarse en el sector petrolero más grande del mundo en reservas probadas.
Para América Latina, el mensaje es claro: Washington puede recurrir a la fuerza cuando lo considera estratégico, pero también sabe regresar cuando el petróleo y la estabilidad regional lo demandan.
La pregunta de fondo no es si habrá cooperación, sino bajo qué condiciones y en beneficio de quién.
Foto: Redes













