Una nueva tragedia sacude al sector extractivo en África Occidental, donde al menos 37 mineros murieron y 25 más resultaron afectados tras inhalar monóxido de carbono en una mina ubicada en el estado de Plateau. El incidente ocurrió en las primeras horas del martes dentro de las instalaciones de la empresa Solid Mining Company.
De acuerdo con reportes de la plataforma Zagazola y fuentes locales, las víctimas —principalmente jóvenes de entre 20 y 35 años— realizaban labores rutinarias cuando fueron expuestas a gas acumulado en túneles con graves fallas en ventilación, lo que habría provocado la tragedia.
Testigos describieron escenas de emergencia dentro de las galerías, donde trabajadores comenzaron a desplomarse súbitamente. Compañeros intentaron rescatar a los afectados mientras el gas continuaba expandiéndose en las zonas más profundas del yacimiento.
La comisionada de Información estatal, Joyce Ramnap, confirmó el hecho, mientras que la Policía colocó la mina bajo resguardo para facilitar las investigaciones. Las autoridades buscan determinar si la empresa cumplía con las normas de seguridad industrial y si existió negligencia en la operación.
Este caso vuelve a evidenciar las condiciones estructurales de precariedad en la industria minera nigeriana, donde persiste una profunda desigualdad entre las ganancias empresariales y la protección de los trabajadores. La falta de supervisión estatal y el peso de intereses corporativos han sido señalados como factores que permiten este tipo de tragedias.
Además, el perfil de las víctimas revela un problema social más amplio: jóvenes obligados a aceptar empleos de alto riesgo ante la falta de alternativas laborales. En muchos casos, estas labores se realizan sin equipo de protección ni condiciones mínimas de seguridad.
Aunque Nigeria cuenta con legislación minera, la capacidad de vigilancia sigue siendo limitada, lo que facilita incumplimientos por parte de empresas. En este contexto, organizaciones y analistas advierten que estos hechos deben entenderse como posibles “crímenes laborales” derivados de un modelo extractivo desigual.
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Fotografía: Redes













