La exigencia de una disculpa de España por los agravios cometidos durante la Conquista ha transitado, en los últimos años, de un planteamiento confrontativo a una estrategia más matizada de diálogo diplomático. Lo que inició en 2019 como una postura firme del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, hoy se reconfigura bajo el gobierno de Claudia Sheinbaum como una política que mantiene el fondo histórico, pero modifica la forma.
El origen: la carta de 2019 y la tensión bilateral
El punto de inflexión ocurrió en marzo de 2019, cuando López Obrador envió una carta al rey Felipe VI y al Papa Francisco solicitando una disculpa por los abusos cometidos durante la Conquista contra los pueblos originarios. El 25 de marzo de ese mismo año, el mandatario hizo pública la petición a través de un video, lo que detonó una reacción inmediata del gobierno español, que rechazó la solicitud y defendió la relación histórica entre ambos países.
A partir de ese momento, el tema se convirtió en un eje constante del discurso de la Cuarta Transformación. No se trató únicamente de un gesto simbólico, sino de un posicionamiento político que buscaba replantear la narrativa histórica oficial y colocar en el centro a las civilizaciones originarias de Mesoamérica.
Durante los años siguientes, el gobierno mexicano retomó el tema en distintas coyunturas. En 2020 y 2021, en el marco de los 500 años de la caída de Tenochtitlan, la exigencia de disculpas volvió a cobrar fuerza. Para 2022, la relación bilateral alcanzó uno de sus momentos más tensos, cuando López Obrador propuso incluso “pausar” los vínculos con España, evidenciando el desgaste diplomático.
La continuidad con Sheinbaum: del reclamo al gesto
Con la llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia, la exigencia de reconocimiento histórico no desapareció, pero sí cambió de tono. Desde el inicio de su administración, la mandataria ha reiterado que el perdón por los agravios de la Conquista tiene un carácter simbólico que puede contribuir a sanar heridas históricas y fortalecer la relación entre ambas naciones.
En este contexto, recientes gestos de la monarquía y del gobierno español han sido interpretados como señales de apertura. Sheinbaum calificó como un “gesto de acercamiento” las declaraciones del rey Felipe VI sobre la Conquista y el periodo colonial, al considerar que representan un cambio respecto a la negativa sostenida en años anteriores.
Asimismo, destacó la visita de los reyes de España al pabellón de México en la Feria Internacional de Turismo (FITUR) en Madrid, donde convivieron con representantes de pueblos originarios. Para la presidenta, este hecho constituye un símbolo que favorece el entendimiento entre naciones y promueve una visión más amplia e incluyente de la historia.
Sin embargo, la mandataria ha sido clara en mantener la postura de fondo: la Conquista no puede interpretarse como un proceso civilizatorio, sino como una invasión que dejó profundas heridas. En ese sentido, también ha cuestionado las narrativas que persisten en sectores de la derecha española, las cuales —dijo— minimizan el desarrollo cultural de los pueblos originarios.
De gesto político a política de Estado
El caso mexicano no es aislado en la región. En América Latina, países como Bolivia han impulsado discursos similares en torno a la reivindicación de los pueblos originarios y la revisión crítica del pasado colonial. Este enfoque forma parte de una tendencia más amplia que busca reconstruir la memoria histórica desde una perspectiva soberana y no eurocéntrica.
En México, este proceso ha evolucionado de manera clara en los últimos años. Lo que comenzó como una iniciativa personal del presidente López Obrador se ha convertido en una postura sostenida del Estado mexicano, ahora bajo la conducción de Sheinbaum, quien combina la reivindicación histórica con una estrategia diplomática más flexible.
Así, la exigencia de disculpas a España ya no se limita a un reclamo político, sino que se inserta en una narrativa más amplia sobre identidad nacional, soberanía y reconocimiento histórico. La incógnita, sin embargo, permanece: si estos gestos recientes derivarán eventualmente en una disculpa formal o si marcarán el inicio de una nueva etapa de entendimiento sin necesidad de ella.













