Rusia y China reforzaron su coordinación estratégica tras la visita de Vladimir Putin a Pekín, donde sostuvo un encuentro con Xi Jinping en medio de un escenario internacional marcado por conflictos armados, tensiones con Occidente y disputas sobre el rumbo del orden mundial. Ambos gobiernos presentaron su alianza como un contrapeso frente a las presiones de Estados Unidos y sus aliados, y defendieron un sistema internacional multipolar basado en la soberanía de los Estados.
Durante la visita, Moscú y Pekín firmaron dos declaraciones centrales enfocadas en fortalecer su asociación integral, profundizar la cooperación estratégica y rechazar un orden global dominado por la fuerza, las sanciones unilaterales y los aranceles discriminatorios. En los documentos, ambos países cuestionaron el bloqueo, la confiscación de activos de otros Estados y las políticas que, desde su perspectiva, buscan imponer decisiones económicas o políticas desde centros de poder occidentales.
En el plano internacional, Rusia y China expresaron preocupación por lo que consideran discursos beligerantes e intentos de intervención en asuntos internos de otros países, con referencias a conflictos y tensiones en América Latina, Medio Oriente y Asia. También defendieron el papel de la ONU, respaldaron el estatus de América Latina y el Caribe como zona de paz y reivindicaron el derecho de los países de la región a tomar decisiones soberanas sin presiones externas.
La crisis en Ucrania también ocupó un lugar central en la agenda. Moscú valoró la postura de Pekín y ambos gobiernos plantearon que la salida debe buscarse mediante diálogo, negociaciones y atención a las causas de fondo del conflicto, en alusión a la expansión de la OTAN hacia el este. Sobre Medio Oriente, rechazaron los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y pidieron evitar una ampliación del conflicto, además de respaldar una tregua sólida en Gaza para permitir el acceso de ayuda humanitaria.
Otro punto de coincidencia fue la preocupación por la expansión militar de la OTAN hacia Asia-Pacífico, la militarización del Ártico y los riesgos de una nueva carrera armamentista, incluida la posibilidad de despliegue de armas en el espacio. China, por su parte, recibió de Rusia un respaldo explícito al principio de “una sola China”, mientras ambos gobiernos también rechazaron presiones contra Corea del Norte y advirtieron sobre la remilitarización de Japón.
Pese al despliegue diplomático, la visita no logró destrabar uno de los proyectos energéticos más importantes para Moscú: el gasoducto Fuerza de Siberia-2, pensado para suministrar hasta 50 mil millones de metros cúbicos de gas a China. Aunque Putin ofreció garantizar suministros energéticos confiables al mercado chino, el acuerdo volvió a quedar pendiente por diferencias sobre detalles comerciales, especialmente el precio del gas, un punto que mantiene paralizado el proyecto desde hace años.
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