Rusia lanzó una ofensiva masiva con drones y misiles contra distintas regiones de Ucrania, incluida Kiev, Dnipró, Zaporiyia y Járkov, en una jornada que dejó decenas de víctimas y nuevos daños en infraestructura. Moscú presentó la operación como una respuesta al ataque contra Starobilsk, en Luhansk, que atribuyó al gobierno ucraniano y calificó como un acto deliberado contra población civil.
De acuerdo con la fuerza aérea ucraniana, durante la ofensiva fueron utilizados 73 misiles y 656 drones de distinto tipo, entre ellos proyectiles balísticos, misiles de crucero y artefactos hipersónicos. Las autoridades de Kiev reconocieron impactos en edificios, infraestructura e instalaciones civiles, mientras señalaron que sus sistemas de defensa lograron interceptar una parte importante del ataque.
El Ministerio de Defensa ruso sostuvo que los objetivos fueron empresas de la industria militar ucraniana, infraestructura de combustibles, transporte utilizado con fines militares y aeródromos. La versión de Moscú coloca el ataque dentro de una lógica de respuesta militar, luego de acusar a Kiev de escalar el conflicto con acciones contra civiles y ataques en territorio ruso.
Desde el Kremlin, Dimitri Peskov responsabilizó al gobierno de Volodímir Zelenski por llevar la guerra a una nueva fase, al señalar que el ataque contra la escuela de Starobilsk no podía ser presentado como un objetivo militar. El vocero ruso afirmó que ese hecho modificó el escenario del conflicto y justificó una respuesta más dura contra estructuras vinculadas al aparato militar ucraniano.
La ofensiva ocurre mientras Ucrania mantiene ataques frecuentes contra infraestructura rusa, incluidos objetivos energéticos como refinerías. En las últimas horas, Kiev confirmó una incursión con drones que provocó un incendio en una refinería de Krasnodar, una de las instalaciones relevantes del sur ruso. Este tipo de operaciones refuerza la lectura de Moscú sobre una guerra que ya no se limita al frente de combate.
En paralelo, Zelenski pidió más apoyo militar a sus aliados occidentales, particularmente sistemas Patriot y medidas de presión contra Rusia. El nuevo intercambio de ataques muestra un conflicto cada vez más dependiente de drones, misiles y defensa aérea, mientras las negociaciones permanecen estancadas y la población civil sigue atrapada entre decisiones militares de alto impacto.
Foto: Redes













