El jefe del Pentágono, Pete Hegseth, lanzó una advertencia directa contra Cuba durante una visita a la base militar estadounidense ubicada en la Bahía de Guantánamo, territorio cubano ocupado por Estados Unidos desde inicios del siglo XX. Desde esa instalación, símbolo histórico de la presión de Washington sobre La Habana, el funcionario advirtió al gobierno cubano sobre la adquisición o uso de armas que pudieran representar una amenaza para Estados Unidos.
El mensaje fue pronunciado ante tropas estadounidenses desplegadas en Guantánamo, en un acto con tono militar y de abierta intimidación política. Hegseth sostuvo que Cuba no debería intentar acceder a armamento capaz de alcanzar la base o territorio estadounidense, y planteó que una decisión de ese tipo abriría la puerta a una confrontación imposible de sostener para la isla.
La advertencia ocurre en un momento de creciente presión de Washington contra Cuba, marcada por sanciones, restricciones económicas y medidas que han profundizado la crisis energética y social en el país caribeño. Estados Unidos vuelve a recurrir al lenguaje de la amenaza militar mientras mantiene una política de asfixia económica que golpea directamente a la población cubana.
El escenario elegido para el mensaje no es menor. Guantánamo ha sido durante décadas uno de los principales puntos de tensión entre ambos países, no solo por la presencia militar estadounidense en territorio cubano, sino también por su carga política e histórica. Que el Pentágono utilice esa base para advertir a La Habana refuerza la lectura de una política exterior basada en presión, vigilancia y demostración de fuerza.
Hegseth también vinculó el futuro político de Cuba con las decisiones del presidente de Estados Unidos, una afirmación que vuelve a exhibir la lógica intervencionista con la que Washington ha tratado históricamente a la isla. Aunque dijo que corresponde a Cuba definir sus propias reformas, su mensaje estuvo atravesado por una advertencia de poder militar y por la pretensión de condicionar el rumbo del país caribeño.
La visita del jefe del Pentágono se suma a una etapa de mayor hostilidad estadounidense hacia Cuba, en la que las sanciones económicas y el discurso militar aparecen como parte de una misma estrategia de presión. Más que abrir una vía diplomática, Washington endurece su postura desde una base militar cuestionada, mientras exige a Cuba moderación bajo amenaza directa de confrontación.
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