Estados Unidos volvió a endurecer su ofensiva económica contra Cuba, ahora con sanciones contra la empresa estatal Unión Cuba-Petróleo, conocida como Cupet. La medida fue anunciada por la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro, bajo la Orden Ejecutiva 14404 impulsada por Donald Trump.
El secretario de Estado, Marco Rubio, justificó la sanción con señalamientos directos contra el gobierno cubano, al que acusó de usar la energía como mecanismo de control político y beneficio económico para sus élites. Sin embargo, sus declaraciones se presentaron como parte del discurso de presión de Washington, sin que se difundieran pruebas públicas que respalden todas sus acusaciones.
Rubio sostuvo que las autoridades cubanas han acaparado combustible durante años y lo han destinado a fines políticos, turísticos y de seguridad, mientras la población enfrenta apagones y dificultades para acceder a gasolina. Con ese argumento, Washington busca presentar la sanción como una medida contra el gobierno cubano, aunque sus efectos pueden golpear de forma directa al sector energético de la isla.
La decisión se suma a una cadena de sanciones recientes con las que la administración Trump ha intensificado la presión contra Cuba, incluyendo acciones contra funcionarios, entidades estatales y sectores estratégicos. En la práctica, esta política refuerza el cerco económico sobre un país que ya enfrenta una crisis energética profunda y limitaciones para importar combustible.
Aunque Estados Unidos insiste en que sus medidas buscan abrir un “nuevo futuro” para el pueblo cubano, organismos internacionales han advertido que este tipo de sanciones pueden agravar el deterioro de servicios esenciales. Las restricciones económicas no solo presionan a las autoridades cubanas, también pueden afectar transporte, electricidad, salud, alimentos y condiciones de vida de la población.
La nueva ofensiva de Rubio confirma que Washington mantiene a Cuba bajo una política de castigo económico sostenido, ahora enfocada en su infraestructura energética. Bajo el discurso de promover libertades, Estados Unidos vuelve a utilizar las sanciones como herramienta de presión geopolítica sobre la isla.
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