DEA alerta por cárteles en Mundial 2026, pero Washington responzabiliza a México y evade su propia crisis

Terrance Cole señaló riesgos durante el torneo, aunque no presentó evidencia de operaciones concretas ligadas al Mundial

El director de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos, Terrance C. Cole, encendió las alertas por el Mundial 2026 al advertir que organizaciones criminales podrían intentar aprovechar el flujo internacional de aficionados para mover fentanilo hacia territorio estadounidense. La advertencia coloca al torneo bajo una lectura de seguridad, aunque se trata de un riesgo señalado por la DEA y no de un hecho confirmado.

De acuerdo con lo expuesto por Cole en una entrevista con NewsNation, los eventos masivos representan escenarios atractivos para las redes de narcotráfico debido al aumento de visitantes, cruces fronterizos, actividades comerciales y movilidad aérea. El funcionario planteó que la vigilancia debe reforzarse durante la Copa del Mundo, organizada por México, Estados Unidos y Canadá.

Sin embargo, el discurso de Washington también exhibe un punto incómodo: la crisis del fentanilo no puede explicarse únicamente desde la frontera ni desde los cárteles mexicanos. Estados Unidos enfrenta desde hace años una emergencia interna por consumo, distribución y sobredosis en sus propias ciudades, donde el mercado de drogas sintéticas mantiene una demanda activa.

La DEA informó que mantiene en marcha su estrategia Fentanyl Free America, enfocada en reducir la oferta y el impacto de esta sustancia. Cole también destacó la cooperación con autoridades mexicanas, particularmente con el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch. México aparece como socio necesario, aunque el discurso estadounidense suele cargar la responsabilidad fuera de su territorio.

El otro ángulo que Washington evita colocar al centro es el tráfico de armas. Mientras Estados Unidos advierte sobre cárteles y fentanilo, sus propias agencias han reconocido que una parte importante del armamento recuperado en México proviene del mercado estadounidense. Ese flujo de armas alimenta la violencia que después se usa como argumento de presión contra México.

Con el Mundial ya en marcha, el desafío será distinguir entre una alerta legítima de seguridad y una narrativa política que responsabiliza a otros países sin mirar el origen completo del problema. El fentanilo, las armas y la demanda interna muestran una crisis compartida que Estados Unidos no puede seguir observando como si fuera ajena.

Foto: Redes

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