El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, confirmó que Washington prevé intensificar sus operaciones contra organizaciones criminales en América Latina, bajo una nueva estrategia regional presentada como combate a los cárteles. El anuncio ocurre después de una operación militar reciente en Venezuela y en medio de una agenda de seguridad cada vez más agresiva hacia el continente.
Durante una entrevista televisiva, Hegseth fue cuestionado sobre si Estados Unidos podría replicar acciones similares en otros países de la región, como Ecuador o Guatemala. El funcionario respondió que la población estadounidense debe esperar más operaciones de ese tipo, lo que marca una señal de expansión militar bajo el argumento de combatir al crimen organizado.
La estrategia forma parte de la llamada Coalición Contra los Cárteles de las Américas, conocida como A3C, una alianza impulsada por Washington con gobiernos de Centroamérica y Sudamérica. Según Hegseth, el objetivo es coordinar capacidades militares, de inteligencia y fuerzas especiales para perseguir a cárteles y grupos designados como organizaciones terroristas extranjeras.
El planteamiento ha generado preocupación porque Estados Unidos busca trasladar a América Latina un modelo de guerra aplicado durante años en Medio Oriente, donde Washington justificó operaciones militares contra grupos como ISIS y Al Qaeda. Bajo esa lógica, el crimen organizado deja de tratarse únicamente como un problema de seguridad pública y pasa a ser abordado como una amenaza militar.
Hegseth también vinculó esta política con una reinterpretación de la Doctrina Monroe, al presentarla como una forma de recuperar el control estratégico del hemisferio occidental. Con ello, la ofensiva antidrogas de Estados Unidos vuelve a colocar sobre la mesa el riesgo de intervencionismo en América Latina, ahora bajo el discurso de seguridad regional.
Aunque Washington sostiene que busca frenar el tráfico de drogas y otras amenazas hacia su territorio, la nueva estrategia abre interrogantes sobre soberanía, uso de fuerza y respeto al derecho internacional. La militarización promovida por Estados Unidos podría reactivar tensiones históricas con América Latina, especialmente si las operaciones se expanden sin transparencia ni control regional.
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