Legisladoras del PAN cuestionaron el nombramiento de Laura Itzel Castillo como próxima titular de la Secretaría de las Mujeres, luego de que la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó su incorporación al gabinete federal. La reacción panista intentó presentar el relevo como falta de prioridad, aunque llegó desde un partido que suele usar la agenda de género como bandera de coyuntura.
La diputada Paulina Rubio Fernández sostuvo que la dependencia requiere una conducción inmediata y acusó que el gobierno federal prolongará la transición hasta que Castillo concluya su responsabilidad al frente del Senado. El señalamiento panista se centró en el calendario de llegada, pues la Secretaría continuará operando mientras tanto bajo la responsabilidad de Ingrid Gómez, subsecretaria del Derecho a una Vida Libre de Violencias.
El PAN también cuestionó la experiencia de Castillo y argumentó que su trayectoria se ha concentrado en infraestructura, energía, vivienda y desarrollo urbano. Sin embargo, esa crítica omite que la senadora cuenta con una larga carrera legislativa e institucional, además de participación pública en debates de igualdad, derechos sociales y construcción de políticas desde la izquierda mexicana.
La ofensiva del blanquiazul incluyó exigencias de un plan urgente contra feminicidios, violencia intrafamiliar y falta de refugios seguros para víctimas. El punto exhibe una contradicción política del PAN, que reclama resultados desde la oposición, pero históricamente ha acompañado agendas conservadoras que chocan con derechos sexuales, reproductivos y políticas públicas progresistas para las mujeres.
Laura Itzel Castillo agradeció la confianza de Sheinbaum y defendió que la igualdad de género ha sido una causa presente en su vida política. La próxima secretaria planteó que la dependencia debe consolidarse como una herramienta territorial, capaz de fortalecer la paridad, atender violencias y acercar el Estado a las mujeres en todo el país.
El debate deja al PAN en una posición incómoda: exige eficacia, pero convierte el nombramiento en munición partidista. Mientras la derecha busca capitalizar el tema, el reto real será medir a la nueva titular por resultados, no por prejuicios políticos ni por una crítica selectiva que aparece sólo cuando conviene golpear al gobierno federal.
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