El sistema de salud de Cuba enfrenta una de sus etapas más críticas por la falta de medicamentos, equipos médicos dañados, apagones y carencias básicas en hospitales, situación que ha generado denuncias de pacientes, familiares, personal técnico y médicos. Aunque el país mantuvo durante décadas un modelo público reconocido por su cobertura gratuita, la crisis económica, la pandemia, el envejecimiento tecnológico y el endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos han profundizado el deterioro de la atención sanitaria en la isla.
Uno de los casos que volvió a encender las alertas fue difundido por un ciudadano cubano identificado como Miguelín, quien relató en redes sociales las dificultades que enfrentó al acudir a un hospital para realizarse estudios clínicos. Según su testimonio, el centro médico había pasado de no tener agua a no contar con electricidad, lo que exhibe una cadena de fallas operativas que afecta servicios básicos y genera preocupación entre quienes requieren atención urgente.
Las denuncias no se limitan a un solo hospital. En distintos centros médicos se han reportado escasez de agua potable, cortes eléctricos, falta de medicamentos, retrasos en estudios especializados y equipos fuera de servicio. En el Instituto de Oncología y Radiobiología, pacientes han señalado demoras para acceder a tomografías, debido a que los equipos disponibles no alcanzan para responder a la demanda. Esta situación golpea especialmente a personas con enfermedades graves que requieren diagnósticos oportunos.
La crisis también alcanza áreas prioritarias como cáncer, cardiología, nefrología y atención materno-infantil. Autoridades del área de Electromedicina han reconocido que más de la mitad de la línea tecnológica del programa de cáncer presenta afectaciones, en medio de equipos envejecidos y dificultades para conseguir refacciones. En este punto, el impacto de las sanciones estadounidenses aparece como un factor clave, pues limita la adquisición de piezas, tecnología e insumos necesarios para sostener la operación hospitalaria.
En paralelo, hospitales señalados por presuntas condiciones de insalubridad han defendido sus protocolos internos. El Hospital Universitario Manuel Ascunce Domenech, en Camagüey, rechazó versiones sobre contaminación del agua utilizada en hemodiálisis y aseguró que realiza análisis físico-químicos y microbiológicos constantes. Sin embargo, las quejas por fallas en infraestructura, suministro y atención continúan acumulándose, mientras pacientes y trabajadores advierten que el sistema opera bajo presión extrema.
Otro caso preocupante se registra en el Hospital Hermanos Ameijeiras, donde pacientes con insuficiencia renal dependen de equipos obsoletos para recibir hemodiálisis. Personal médico ha reconocido que algunas sesiones se han reducido por la falta de recursos y de trabajadores suficientes. La salida de médicos, enfermeros y técnicos por bajos salarios agrava todavía más la crisis, dejando a los hospitales cubanos sostenidos por personal exhausto, tecnología deteriorada y una población que exige atención digna.
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