Los hospitales de Gaza enfrentan una crisis energética que amenaza la atención de pacientes, incluidas cirugías de urgencia, debido a la destrucción de gran parte de la red eléctrica del enclave durante la ofensiva israelí. La falta de suministro estable ha obligado a los centros médicos a depender de generadores.
La situación se agrava por la escasez de combustible, indispensable para mantener en funcionamiento equipos médicos, quirófanos, unidades de emergencia y servicios básicos. De acuerdo con reportes sanitarios, decenas de hospitales y centros de atención primaria han quedado destruidos, inoperables o severamente dañados desde el inicio de los ataques.
El Ministerio de Salud de Gaza también advirtió que buena parte de su flota vehicular está fuera de servicio por impactos directos, fallas acumuladas y falta de repuestos. La dependencia pidió facilitar la entrada de neumáticos, piezas y materiales necesarios para mantener operativas las unidades de emergencia.
Mientras los hospitales trabajan al límite, los ataques continúan dejando víctimas entre la población palestina. En las últimas 48 horas se reportaron nuevos muertos y heridos, en un contexto donde cientos de miles de personas permanecen desplazadas en campamentos y bajo condiciones humanitarias cada vez más precarias.
La crisis médica ocurre junto con el colapso económico del enclave. El desempleo afecta a la mayoría de la población y la pobreza supera niveles extremos, lo que incrementa la dependencia de ayuda humanitaria. En Gaza, la guerra no sólo destruye infraestructura: también reduce las posibilidades de atención, trabajo y supervivencia cotidiana.
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