Cada quien puede definirse a sí mismo como desee, sin que ello comprometa necesariamente su realidad. Cada quien puede autoproclamarse periodista que desafía al poder, o incluso verse como un guerrillero urbano de las redes sociales. Pero, al final, lo que realmente se es en política o en periodismo lo determina el enemigo y, sobre todo, la agresividad que este dirige contra tu proyecto político y mediático.
Tras la cumbre celebrada en Washington contra la amenaza del llamado “terrorismo transnacional de izquierda extrema”, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, publicó un informe titulado Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI, en el que se afirma que “durante casi siete décadas, el régimen cubano ha llevado a cabo una campaña sostenida de subversión contra Estados Unidos”. Se trata de un documento que suena casi como un último y desesperado grito para mantener el decadente “legado occidental” ante las batallas que parecen perdidas contra China e Irán. Pero, además, identifica una serie de personajes que relaciona con esta operación “desestabilizadora” del imperio, entre los que incluye al director general de Canal Red, Pablo Iglesias.
Iglesias respondió en el programa de La Base de este 21 de julio, dedicado a la acusación de Estados Unidos contra Cuba:
“En Canal Red no tenemos AKM, ni sabríamos usarlas. Pero sí sabemos escribir, sabemos hablar, sabemos pensar, sabemos grabar y editar. Estamos en América Latina y en España, y sabemos hacer periodismo con ideología y con compromiso. Sabemos dar la cara, y por eso el enemigo no se olvida de nosotros”.
La crisis de Estados Unidos necesita enemigos. Ha declarado la guerra al comunismo, a lo que llama “izquierda radical” y ahora a Cuba, con base en la construcción de un relato político plagado de mentiras que sirve para justificar una intervención militar en la isla, y luego en cualquier país que cuestione la hegemonía del imperio. ¿Cómo se legitiman estas intervenciones? Mediante la fabricación de enemigos imaginarios a los que perseguir sin tregua.
Para un Estado terrorista que asesina niñas en Irán, que mata y secuestra jefes de Estado, que apoya el genocidio de Israel en Gaza y que estrangula los hospitales en Cuba, los enemigos son todos aquellos que confronten su poder, que desvelen su corrupción, su racismo y sus pretensiones criminales e invasoras.
¿Cómo se legitiman estas intervenciones? Mediante la fabricación de enemigos imaginarios a los que perseguir sin tregua.
En Canal Red entendimos lo que las nuevas extremas derechas ya saben y que muchas veces a las izquierdas les cuesta entender: que las y los actores mediáticos relevantes son también actores políticos relevantes. Que la política no se disputa solo en las urnas, en las campañas electorales o en los congresos; la pelea también está —y, sobre todo, está— en la construcción del sentido común, en el cómo y el porqué entendemos el mundo.
Que el director de Canal Red figure en esa lista de enemigos de Marco Rubio en sus afanes imperiales constituye un reconocimiento, por parte de Washington, de la relevancia de este proyecto político comunicacional. Es una evidencia de que estamos del lado correcto de la historia, aunque sea el más difícil, y un recordatorio de la responsabilidad que eso implica.
Tenemos también muy claro que esta batalla es posible gracias a todas nuestras socias y socios, que cada día sostienen y promueven este proyecto y nos dan la posibilidad de hacer el periodismo que tanto molesta al imperio.
Hoy, desde Canal Red, decimos que nos honra ser el “enemigo”.
Foto: Diario Red












