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¿Un nuevo esquema de gobernanza global?

Se trata de construir un mundo donde no solo no existan imperios, sino donde ningún imperio sea posible

El 19 de octubre de 1933, Adolf Hitler retiró a Alemania de la Sociedad de Naciones. Debilitó el organismo, abandonó la Conferencia de Desarme de Ginebra y rechazó los principios de seguridad colectiva. Meses antes de la guerra, el régimen nazi ya había demostrado que su plan era adecuar las reglas internacionales a su conveniencia. Hoy, casi un siglo después, Donald Trump ejecuta un guion inquietantemente similar: retirada del Acuerdo de París, de la CMNUCC, del IPCC, del Foro Global contra el Terrorismo, del Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio y del acuerdo nuclear con Irán. No es un capricho: es la demolición del orden multilateral para imponer un esquema de gobernanza global a la carta.

Pero la crisis no es solo estadounidense. La ONU ha fallado, ha fallado porque no ha podido detener el genocidio y la ocupación de Israel en Palestina, la ocupación marroquí en el Sáhara Occidental, el bombardeo a Irán o el secuestro de un presidente legítimo de Venezuela. La organización que nació en 1945 con la promesa de evitar otra guerra mundial tiene un Consejo de Seguridad secuestrado por cinco potencias que vetan cualquier acción que las incomode.

La ONU no es un foro de naciones iguales: es un club de vencedores de la Segunda Guerra que ya no representa al mundo del siglo XXI.

¿Qué significaría entonces un nuevo orden de gobernanza global? No se trata de reformar la ONU con parches, sino de repensar sus fundamentos. Un orden legítimo debe partir de la soberanía de los pueblos, no de la fuerza de las potencias. Debe reconocer que el multilateralismo no es la suma de los intereses de unos pocos, sino la articulación de las mayorías.

Un nuevo orden debe incluir, además, mecanismos que tengan la capacidad de detener el genocidio y no solo condenarlos. Debe prohibir el uso de la moneda como arma geopolítica y crear sistemas de pago alternativos que no sometan a los pueblos a la voluntad de Washington. Debe garantizar el acceso equitativo a la salud, la alimentación, la energía y la tecnología. Debe poner la vida, la humanidad por encima de las ganancias.

Y debe nacer de abajo hacia arriba, no de arriba hacia abajo. Los pueblos del Sur Global no pueden seguir esperando que las potencias les concedan un lugar en la mesa. Se trata de construir un mundo donde no solo no existan imperios, sino donde ningún imperio sea posible.

Frente al desmantelamiento del orden multilateral, la respuesta no es la nostalgia de la ONU que no fue, sino la construcción de algo nuevo. Un orden que reconozca que la paz no es la ausencia de guerra, sino la presencia de justicia social. Un orden donde la soberanía dimane del pueblo. Un orden, en fin, donde la vida sea el centro y no la excepción.

Fotografía: Diario Red

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