El pleno de la Cámara de Diputados aprobó en lo general con 344 votos a favor, 116 en contra y una abstención el dictamen que reforma los artículos 82, 116 y 122 de la Constitución Política, impulsado por la Presidenta Claudia Sheinbaum. Con esta modificación, las personas que aspiren a la Presidencia de la República, las gubernaturas y la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México deberán renunciar a cualquier otra nacionalidad antes de registrarse como candidatos.
La medida establece que no bastará con la simple renuncia ante la Secretaría de Relaciones Exteriores, sino que será necesario comprobar que el vínculo extranjero dejó de subsistir conforme a la legislación correspondiente. Asimismo, se prohíbe el uso de pasaportes extranjeros, el ejercicio de derechos políticos inherentes a otra ciudadanía y acogerse a la protección diplomática mientras se ocupe el cargo.
Debate legislativo y postura oficial
Durante la discusión en el Palacio Legislativo, los grupos parlamentarios chocaron debido al alcance de la iniciativa. Legisladores de Morena defendieron la propuesta al señalar que no se busca afectar a la comunidad migrante, sino salvaguardar la soberanía nacional. El diputado Aniceto Polanco subrayó que la medida funciona como una disposición preventiva ante la estructura unipersonal del Poder Ejecutivo.
Por su parte, la Presidenta Claudia Sheinbaum respaldó la decisión al señalar que los representantes del Estado «no pueden tener dos banderas, dos juramentos», debido a que la máxima magistratura del país exige una exclusividad absoluta de lealtad institucional.
Posturas de la oposición y críticas
En contraparte, diputados de la oposición agrupados en el PAN, PRI y Movimiento Ciudadano intentaron frenar el dictamen. Sectores conservadores y tradicionales argumentaron que la restricción vulnera los derechos políticos.
Mientras la diputada panista Paulina Rubio insistió en que esta modificación atenta contra la comunidad migrante, legisladores de oposición defendieron que los paisanos tendrían el legítimo derecho de aspirar a la conducción del Estado, minimizando los riesgos de lealtades divididas o conflictos de interés con potencias extranjeras frente a los altos mandos de la nación.
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