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Estados Unidos quiere al TIAR como plataforma legal de su iniciativa militar en América Latina

El gobierno de Trump busca recuperar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca para facilitar la coordinación armada con sus aliados

El gobierno de Estados Unidos está desempolvando el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) de la Organización de Estados Americanos (OEA) para organizar una acción militar multinacional de los países latinoamericanos integrados al Escudo de las Américas en contra de las organizaciones del narcotráfico.

Hasta ahora, la participación de 14 de los 20 países latinoamericanos en el Escudo de las Américas es voluntaria. Esa iniciativa, impulsada bajo el gobierno del presidente Trump e instrumentada desde los departamentos de Defensa y Estado, busca agrupar a los gobiernos simpatizantes de América Latina en la línea de proyección de fuerza diplomática, económica y militar dirigida por Estados Unidos.

La proyección de fuerza diplomática y económica se está instrumentando a través de restricciones migratorias, la congelación de activos y la cancelación de visados de personas presuntamente asociadas a 24 organizaciones criminales consideradas terroristas por las leyes estadounidenses, ocho de ellas basadas en México.

La iniciativa estadounidense busca darle sustento legal a la proyección de fuerza militar en un tratado internacional a través de la creación de un mecanismo consultivo en la OEA, invocando dos cláusulas del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca.

Las críticas desde América Latina han surgido rápidamente y se centran en dos áreas. La primera es que las primeras medidas de fuerza diplomática, como la cancelación de visados, lejos de afectar a empresas o funcionarios directamente asociados con el narcotráfico, se han instrumentado contra políticos, gobernantes y jueces que disienten de las políticas estadounidenses y se han atrevido, desde sus propias tribunas, a perseguir a personajes aliados a Estados Unidos por presuntas violaciones de derechos humanos y participación en esquemas de corrupción.

En los últimos años, el TIAR persiste de manera formal, pero no tiene injerencia ni peso real en la resolución de los conflictos que enfrenta América Latina

La segunda área de cuestionamiento es que Estados Unidos busca convertir a su proyecto de hegemonía militar en América Latina en un tratado interamericano, sin pasar por la aprobación de los congresos nacionales.

El TIAR, también conocido como el Tratado de Río, fue creado el 2 de septiembre de 1947 en Río de Janeiro, al concluir la Segunda Guerra Mundial y empezar el periodo de la llamada Guerra Fría. Considerado como un pacto de defensa mutua en contra de agresiones provenientes del exterior, el TIAR ha entrado en acción 20 veces, la mayoría de ellas originadas por disputas internas en América Latina.

El Tratado de Río sirvió como instrumento para aislar a Cuba entre 1962 y 1963 y fue convocado por la dictadura militar argentina durante la Guerra de las Malvinas contra el envío de tropas británicas a la isla. El TIAR no tuvo efecto en el caso argentino y Estados Unidos se alineó con la Gran Bretaña contra Argentina.

Tanto la inefectividad del tratado como la percepción de que el TIAR sólo era un instrumento que Estados Unidos usaba a su conveniencia originaron la salida de varios gobiernos latinoamericanos. El primero en abandonar el TIAR fue México en 2001 durante el gobierno del presidente Vicente Fox.

La Cumbre Iberoamericana ofrece a los países latinoamericanos un espacio de conversación no controlado directamente por Estados Unidos

Luego le siguieron los países pertenecientes al Bloque del Alba: Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela en 2012 y 2013. El gobierno de izquierda en Uruguay denunció al tratado en 2019 como un instrumento que permitía la intervención armada extranjera en Venezuela. El gobierno de centroderecha siguiente decidió el regreso al tratado al año siguiente.

Desde entonces, el TIAR ha sido una especie de tratado en el papel que persiste de manera formal, pero que no funciona o no tiene injerencia ni peso real en la resolución de los conflictos que enfrenta América Latina. El tratado no tuvo ninguna posición ante la operación militar Resolución Absoluta que depuso al presidente venezolano Nicolás Maduro en enero de 2026. La salida de Cuba del TIAR en los años 60 también ha servido de pretexto para que el TIAR omita su opinión sobre las amenazas militares de la administración de Trump contra La Habana.

El funcionamiento del Escudo de las Américas tiene su modelo principal en las acciones militares conjuntas de Estados Unidos y Ecuador en el norte de este país andino. La concepción de que el narcotráfico es una amenaza común a todos los países de América Latina es el argumento que sustenta la intención de formalizar un canal del TIAR en la OEA a favor de la acción militar conjunta de los países asociados al Escudo de las Américas contra organizaciones criminales en cualquier territorio de la región.

La situación es compleja porque países miembros de pleno derecho en el TIAR como Brasil, Uruguay y Haití no forman parte de la coalición del Escudo de las Américas y pueden quedar en minoría si la OEA acepta la formación del consejo consultivo que propone el gobierno de Trump. Una situación distinta vive México, fuera del TIAR y bajo las presiones estadounidenses de enviar fuerza militar al territorio mexicano y declarar a integrantes del gobierno como colaboradores del narcotráfico y, por tanto, del terrorismo.

En la Guerra de las Malvinas, Estados Unidos ignoró al TIAR y se alineó con Reino Unido

Esa complejidad aumenta con la disidencia interna en los países latinoamericanos y la inestabilidad política que la nueva coalición militar dirigida por el gobierno trumpista está generando. La adhesión al Escudo de las Américas y el reimpulso al TIAR han despertado debates internos intensos en los países de América Latina en torno a los problemas de soberanía nacional, la subordinación geopolítica hacia Estados Unidos, la falta de transparencia en los acuerdos internacionales y la omisión de los congresos nacionales.

Para los países fuera de la coalición militar dirigida por Estados Unidos sólo queda la opción de resistir y navegar en la incertidumbre que provoca la amenaza constante del gobierno de Trump de emplear la fuerza militar en América Latina, ya sea para atacar bases criminales en Ecuador, gobiernos incómodos como el cubano o emplear fuerzas multinacionales en países acusados de no hacer nada o muy poco contra las organizaciones del narcotráfico.

Sin embargo, los países de América Latina tienen un espacio diferente de conversación en otros ámbitos no controlados directamente por Estados Unidos. Entre ellos está la Cumbre Iberoamericana que se celebrará en España el 4 y 5 de noviembre, justo después de las elecciones intermedias de Estados Unidos. En estos momentos, la atención a esos espacios alternativos de debate será más que importante.

Fotografía: Diario Red

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