El proyecto inmobiliario vinculado con Grupo Carso, propiedad del empresario Carlos Slim, en el Centro Histórico de Puebla llega en medio de cuestionamientos relacionados con el impacto que los nuevos desarrollos pueden tener sobre la ciudad y sus habitantes. Uno de los principales puntos de preocupación es el acceso y costo de los servicios públicos en una zona donde el crecimiento inmobiliario también alimenta el debate sobre la gentrificación. Ante este escenario, Agua de Puebla aseguró que la construcción del desarrollo no representará un aumento en las tarifas que pagan los usuarios por el servicio de agua potable.
Jordi Bosch, director general de Agua de Puebla, explicó que antes de conectarse a la red, el proyecto tendrá que someterse a un estudio de factibilidad para determinar las obras necesarias. Según detalló, el procedimiento permitirá establecer las condiciones para suministrar agua potable, habilitar el drenaje, tratar las aguas residuales y resolver el manejo de lluvia. Los costos derivados de estas obras deberán ser cubiertos por el desarrollador, por lo que, de acuerdo con la empresa, no se trasladarán a los usuarios. La explicación busca despejar una de las dudas que han surgido alrededor de la llegada de inversiones inmobiliarias a una zona histórica de la capital.
Sin embargo, el tema del agua se inserta en una discusión más amplia sobre cómo el crecimiento de proyectos inmobiliarios puede transformar el Centro Histórico y afectar a quienes ya viven en la zona. La gentrificación suele generar preocupación por el encarecimiento de la vivienda, los cambios en el entorno urbano y la presión sobre los servicios, por lo que la certeza sobre quién paga la infraestructura adquiere especial relevancia. Agua de Puebla señaló que el procedimiento de factibilidad no es exclusivo de este proyecto y que se aplica a desarrollos de distintas dimensiones que buscan incorporarse al sistema de servicios.
La empresa también sostuvo que los recursos obtenidos mediante el pago de los usuarios permiten financiar infraestructura hidráulica, como nuevas perforaciones y obras destinadas a mejorar el suministro. La diferencia, según Agua de Puebla, está en que las conexiones y adecuaciones requeridas por nuevos desarrollos privados deben ser financiadas por quienes los construyen. Así, mientras el proyecto avanza hacia la evaluación de sus necesidades de infraestructura, permanece el debate ciudadano sobre los efectos que tendrá una mayor presencia inmobiliaria en el Centro Histórico. La discusión no se limita al precio del agua, sino a qué tipo de crecimiento urbano quiere la ciudad y quién termina absorbiendo sus costos.
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