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Jóvenes del mundo se levantan por sus derechos

El mundo ha tenido que volver a las demandas básicas porque lo básico ya no existe más

El mundo asiste a las consecuencias reales del triunfo del neoliberalismo. Las personas reconstituyen sus vidas con base en la precariedad laboral, de vivienda, de educación y salud. Ven que el recorte de impuestos a las grandes riquezas ha sido un error, que la mentira del capitalismo no nos hace más ricos, sino más pobres. Hoy, las juventudes hijas del neoliberalismo han llegado al límite. Los supuestos Estados de bienestar eran un caparazón vacío que se sostenía en la deuda, el recorte estatal, la eliminación de los impuestos a los ricos, los fondos buitre, la desinversión en salud y el financiamiento a los imperios para la guerra. Ese modelo tocó fondo. Y las calles lo están diciendo.

En España, cientos de jóvenes han cumplido de golpe un sueño cada vez más inviable: permitirse vivir en el centro de la capital, donde los precios exorbitantes han erosionado el tejido residencial. Lo han hecho sin permiso y en forma de protesta, con un campamento levantado en la Puerta del Sol, frente a la sede del Gobierno regional, demandando el derecho a la vivienda digna.

En Francia, la movilización comenzó en la segunda mitad de septiembre en institutos de la periferia parisina y rápidamente se extendió al conjunto del país. El detonante fueron problemas concretos: falta de profesores, clases saturadas, edificios deteriorados, falta de personal de apoyo, problemas de higiene y una creciente sensación de abandono de los centros públicos. Las imágenes de institutos con ratas, goteras y baños sin agua funcionaron como representación material de una desigualdad territorial mucho más amplia.

El caso alemán tiene una especificidad que lo diferencia: el eje de la protesta juvenil es la militarización. La respuesta ha sido una sucesión de huelgas escolares. Decenas de miles de estudiantes habían salido a las calles en unas 150 ciudades contra el rearme y el servicio militar obligatorio. La Fundación Rosa Luxemburg identifica esta campaña como una de las expresiones juveniles más importantes de oposición al rearme alemán.

La movilización juvenil en Bélgica comenzó alrededor de la educación, pero se inserta en una protesta más amplia contra las políticas de austeridad del Gobierno federal y la financiación de la guerra. La particularidad belga es que la protesta juvenil no funciona como movimiento separado del movimiento obrero: parece incorporarse a un ciclo de movilización sindical iniciado hace más de un año. La presencia de estudiantes y jóvenes trabajadores en las grandes manifestaciones contra la austeridad ha sido destacada como la aparición de una nueva generación que empieza a intervenir directamente en la lucha social.

Pero esto también pasa en América Latina. En Chile, más de 20 mil personas participaron en una movilización convocada por la Confederación de Estudiantes contra los recortes incluidos en el proyecto de Presupuesto. La consigna fue «Ni un peso menos para la educación». La juventud chilena ya posee una memoria política de movilización: la educación fue uno de los espacios desde los que se construyó el movimiento que desembocaría en el estallido social de 2019.

Nuevamente los jóvenes. En Argentina, la movilización universitaria vuelve a adquirir fuerza después de un año de conflicto con el Gobierno de Javier Milei por el desfinanciamiento de la universidad pública. Más de un centenar de estudiantes ocuparon la sede de la Secretaría de Educación en Buenos Aires para exigir el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario.

Lo común: la demanda por los derechos básicos. La vivienda, la educación y la posibilidad de vivir sin tener que sentir que la vida se va en el intento. El mundo ha tenido que volver a las demandas básicas porque lo básico ya no existe más. Y si la historia nos ha enseñado algo, es que cuando las calles suenan, es porque demandas traen.

Fotografía: Diario Red

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