Miles de personas salieron a las calles de Francia este sábado para protestar contra el encarecimiento de la vida, exigir mejoras en la educación pública y cuestionar las restricciones impuestas por el gobierno de Emmanuel Macron al derecho de manifestación. Las movilizaciones se extendieron por distintas ciudades y estuvieron acompañadas de un amplio operativo de seguridad.
El Ministerio del Interior francés calculó la participación nacional en aproximadamente 410 mil personas, mientras que la Confederación General del Trabajo (CGT) elevó la cifra a cerca de 800 mil. En París, la diferencia también fue significativa: la prefectura reportó 110 mil asistentes, frente a los 250 mil estimados por el sindicato.
Ante el riesgo de nuevos disturbios, las autoridades desplegaron hasta 70 mil policías y gendarmes, respaldados por helicópteros, vehículos blindados y unidades antidisturbios. Sin embargo, la jornada registró enfrentamientos y detenciones en diferentes puntos del país.
En la capital francesa, la marcha avanzó desde Porte d’Italie hasta Porte de Vincennes, luego de que las autoridades modificaran el recorrido previsto originalmente. Al llegar al punto autorizado, algunos participantes intentaron continuar hacia la Plaza de la Nación, pero los agentes bloquearon el paso y utilizaron gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar a la multitud.
La Fiscalía de París informó de 64 arrestos relacionados con las protestas y señaló que 40 personas quedaron bajo custodia policial, entre ellas seis menores. Por su parte, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, reportó 136 acciones en la vía pública, frente a las 264 contabilizadas a la misma hora de la semana anterior.

El malestar social se extiende por el país
Las movilizaciones también provocaron intervenciones policiales en ciudades como Lyon, Clermont-Ferrand, Estrasburgo, Marsella y Nantes. En algunas localidades, las autoridades prohibieron concentraciones o reforzaron la vigilancia para prevenir actos vandálicos, mientras que sindicatos cuestionaron las restricciones por considerar que afectan la libertad de expresión.
El despliegue respondió a los disturbios registrados durante la semana anterior, cuando miles de comercios sufrieron daños y se reportaron miles de detenciones. En París, las autoridades retiraron contenedores, papeleras y bicicletas compartidas de las calles, mientras algunos establecimientos protegieron sus fachadas. Además, varios museos importantes permanecieron cerrados ante el riesgo de nuevos incidentes.
Las protestas, que comenzaron el mes pasado por la falta de personal en una escuela secundaria cercana a París, incorporaron demandas de estudiantes y trabajadores. Entre ellas figuran más docentes, mejores instalaciones educativas, mayores salarios y pensiones, así como apoyos económicos para estudiantes.
El descontento también está relacionado con el aumento de los precios. De acuerdo con el organismo nacional de estadística, INSEE, los costos de la energía registraron un incremento anual de 21.3 por ciento en septiembre, mientras la inflación general alcanzó 3.1 por ciento.
La crisis representa un desafío para Macron en la recta final de su mandato. Mientras el gobierno defiende las medidas de seguridad para proteger espacios públicos y comercios, los manifestantes denuncian restricciones a sus derechos. En tanto, el movimiento de los chalecos amarillos anunció otra jornada de movilización para el 31 de octubre.

Fotos: X












