El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a cuestionar la legitimidad del triunfo electoral de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil durante un mitin celebrado el martes 27 de octubre en Texas. El mandatario estadounidense insinuó que hubo irregularidades en los comicios, aunque no presentó pruebas que respaldaran sus señalamientos.
Ante sus simpatizantes, Trump lanzó acusaciones de fraude electoral contra los demócratas estadounidenses y después hizo referencia a Brasil. “Son los mayores estafadores electorales de la historia. Aunque Brasil también lo hace muy bien, ¿no?”, declaró. Sobre los comicios brasileños, agregó: “No tomé partido, no me gustó, no me pareció bien”.
Las declaraciones ocurrieron después de que Lula da Silva se impusiera frente a Flávio Bolsonaro, senador y candidato del Partido Liberal (PL), una de las principales fuerzas de la derecha brasileña. Un día antes, Trump ya había puesto en duda el resultado electoral al afirmar que la elección parecía manipulada, sin aportar evidencias para sostener esa acusación.
Crecen las críticas por las declaraciones de Trump
Los nuevos señalamientos del mandatario estadounidense reavivan la controversia en torno a sus cuestionamientos sobre los resultados electorales. Sus declaraciones también colocan nuevamente a Brasil en el centro de la disputa política de Estados Unidos, donde Trump ha recurrido a acusaciones de fraude contra sus adversarios.
En el caso brasileño, el presidente estadounidense no detalló qué irregularidades habría detectado ni presentó elementos que permitieran comprobar una supuesta manipulación de los votos.
La controversia ocurre en un contexto de tensión política tras la derrota electoral de Flávio Bolsonaro frente a Lula. El resultado representa un revés para el Partido Liberal y para el sector de la derecha brasileña que respalda al senador.
Hasta el momento, las declaraciones citadas de Trump no aportan pruebas que demuestren fraude en las elecciones brasileñas. Por ello, sus señalamientos deben entenderse como acusaciones del mandatario y no como hechos comprobados.
El episodio vuelve a poner sobre la mesa el papel de los líderes extranjeros en las discusiones sobre procesos electorales de otros países y los efectos de sus declaraciones sobre la confianza pública en las instituciones democráticas.
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