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“El cine no solo es un gran negocio, es la voz de los pueblos”: Damián Alcázar critica el legado de Salinas de Gortari

El protagonista de La ley de Herodes propone abrir más cinetecas y cineclubes en Puebla para acercar el cine mexicano a las nuevas generaciones

El cine mexicano enfrenta un problema que va más allá del talento de sus creadores: la falta de espacios para que el público conozca sus historias. Así lo planteó el actor Damián Alcázar durante una conversación con El Ciudadano México, en el marco de su participación en Catrineras Chautla 2026, celebrado en la Exhacienda de Chautla, Puebla, donde realizó una lectura de mitos y leyendas con motivo del Día de Muertos.

Al ser cuestionado sobre la importancia de acercar el cine nacional a las nuevas generaciones, Alcázar sostuvo que México cuenta con capacidad artística suficiente para competir en cualquier escenario, pero consideró que las condiciones de exhibición limitan el acceso del público a las producciones nacionales. Su crítica apuntó directamente a las decisiones adoptadas durante el gobierno del expresidente Carlos Salinas de Gortari.

Según el actor, aquella administración retiró los recursos públicos destinados al mantenimiento de grandes salas cinematográficas, que anteriormente funcionaban mediante un esquema en el que el Estado aportaba el 80 por ciento y los encargados de los establecimientos cubrían el 20 por ciento restante. Alcázar recordó que este modelo permitía acceder a películas mexicanas y de distintas partes del mundo.

De las salas populares a la concentración del negocio cinematográfico

Para explicar las consecuencias de aquella transformación, Alcázar recordó su infancia, cuando podía asistir a cines que proyectaban varias películas en una misma jornada. Mencionó espacios como el Cine Monumental y el Gloria, donde era posible encontrar producciones de China, Italia, Alemania y México, sin depender de una programación concentrada en un solo tipo de entretenimiento.

De acuerdo con su interpretación, el gobierno de Salinas de Gortari favoreció posteriormente un modelo de concesiones que concentró la exhibición cinematográfica en manos de un reducido grupo de familias empresariales. El actor sostuvo que esa transformación privilegió la rentabilidad económica por encima de la función cultural del cine, aunque no identificó a las empresas involucradas.

Su cuestionamiento no se dirigió contra la actividad empresarial en sí misma, sino contra la pérdida de espacios que, desde su perspectiva, permitían descubrir otras realidades. Para Alcázar, reducir el cine a su capacidad de generar ganancias significa dejar de lado una de sus funciones fundamentales: transmitir las experiencias, conflictos e identidades de las sociedades.

Hollywood y la influencia cultural de Estados Unidos

El protagonista de La ley de Herodes también cuestionó el predominio de las grandes producciones estadounidenses, particularmente aquellas centradas en superhéroes, conflictos armados y personajes que resuelven sus problemas mediante la violencia.

Desde su perspectiva, estas películas no representan únicamente entretenimiento, sino que también transmiten una visión del mundo asociada al poder militar y a la superioridad de quienes poseen mayor fuerza. Alcázar consideró que esta narrativa contribuye a difundir determinados valores e interpretaciones políticas entre las audiencias.

El actor relacionó esa influencia con la limitada disponibilidad de cine mexicano e internacional en las salas comerciales. En su análisis, cuando las nuevas generaciones tienen acceso principalmente a producciones de una misma industria, disminuyen sus oportunidades de conocer otras formas de contar historias y comprender distintas culturas.

Cinetecas y cineclubes para recuperar el acceso a la cultura

Frente a este panorama, Alcázar propuso ampliar los espacios públicos dedicados a la exhibición cinematográfica. En particular, planteó que Puebla debería contar con dos o tres cinetecas y que las ciudades pequeñas y localidades de mayor tamaño podrían impulsar cineclubes.

Estos espacios, explicó, permitirían acercar al público tanto al cine mexicano como a producciones de calidad provenientes de otros países. Su propuesta busca recuperar la diversidad cinematográfica que recordó de su juventud y ofrecer alternativas a la programación comercial dominante.

La reflexión del actor dejó planteada una discusión que trasciende a la industria cinematográfica: quién decide qué historias llegan al público y qué lugar ocupa la cultura frente a los intereses comerciales. Para Alcázar, ampliar el acceso al cine significa también abrir espacios para que las nuevas generaciones conozcan otras voces, realidades y maneras de interpretar el mundo.

Ilustración: Iván Rojas

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