La XXXIV Procesión de Viernes Santo en Puebla marcó un récord de asistencia al congregar a cerca de 195 mil fieles en el Centro Histórico, quienes participaron en el recorrido de siete imágenes religiosas bajo un ambiente de solemnidad y tradición.
La Arquidiócesis de Puebla confirmó que este evento religioso, el más grande de Latinoamérica, superó el récord alcanzado en 2025, cuando se reportó la participación de 180 mil personas, registrándose para este 2026 alrededor de 15 mil devotos adicionales.
Entre cantos, consignas y mandas, los feligreses convirtieron el primer cuadro de la ciudad en un espacio de expresión religiosa este viernes 3 de abril, en el marco de la crucifixión y muerte de Jesucristo, uno de los momentos más representativos del catolicismo.
Minutos después de las 11:00 horas, la Catedral Basílica de Puebla abrió sus puertas para recibir a las siete imágenes más representativas del catolicismo, trasladadas en andas por contingentes de porteadores, entre los que participaron también mujeres.
Las imágenes que participaron fueron la Virgen de la Soledad, la Virgen de los Dolores, el Señor de las Maravillas, el Señor de las Tres Caídas, Jesús de Nazaret, Jesús de la Misericordia y el Santo Niño Doctor de los Enfermos.
Las vialidades del primer cuadro de la ciudad se llenaron de miles de devotos que, con ovaciones y gritos de alegría, recibieron a las representaciones sagradas.
El evento fue encabezado por el arzobispo Víctor Sánchez Espinosa, quien a las 12:30 horas emitió su primera reflexión en el atrio de la Catedral, destacando el significado de la pasión y resurrección de Jesucristo ante la multitud congregada.
El recorrido inició en el atrio de la Catedral, avanzó por la calle 16 de Septiembre, siguió por la avenida Juan de Palafox y Mendoza hacia la 2 Norte y 4 Oriente-Poniente, hasta llegar a la 11 Norte, donde se realizó la segunda reflexión. Posteriormente regresó por la avenida Reforma hasta la 16 de Septiembre, concluyendo con una tercera reflexión en la Catedral alrededor de las 14:00 horas.
Para esta edición, la Arquidiócesis de Puebla habilitó por primera vez la Calle del Silencio, un espacio destinado a que personas con discapacidad o sensibles al ruido puedan apreciar las imágenes sagradas en un ambiente adecuado.
Tras la última reflexión, el arzobispo Víctor Sánchez agradeció al gobierno estatal, al Ayuntamiento de Puebla y a las parroquias por su apoyo, lo que permitió vivir una jornada llena de fe y recogimiento que fortaleció la unidad de la comunidad católica en la entidad.

Fotos: Agencia Enfoque













