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Marco Rubio en Munich: América para los americanos y el mundo para occidente

El viernes 13 de febrero, el secretario de Estado Marco Rubio ofreció un discurso en la Conferencia de Seguridad de Munich, evento que desde 1963 reúne a políticos y expertos en seguridad internacional, militares y representantes de la industria armamentista. En suma, es un evento en el cual los grandes poderes mundiales de occidente se encuentran para definir a sus enemigos principales y con ello delinear las estrategias para enfrentarlos. El discurso de Rubio fue un resumen de la agenda imperialista de los Estados Unidos y del papel que en la misma deben jugar las subordinadas potencias europeas. Fue un discurso expansionista, militarista, racista y de afanes coloniales que recibió por parte de los presentes una ovación de dos minutos. He aquí lo que constituyen a mi juicio sus líneas fundamentales.

1. El nosotros estadounidense es un nosotros de ascendencia europeo: Las raíces de Estados Unidos no comenzaron hace 250 años cuando después de la guerra de independencia, este país se independizó del imperio británico. “Nuestro hogar puede estar en el hemisferio occidental pero siempre seremos hijos de Europa”.  Para Rubio, los pueblos originarios que habitaron en lo que hoy es territorio estadounidense y que fueron diezmados por el genocidio no forman parte de las raíces estadounidenses, ni la población mexicana que vivía en esos territorios antes de que a México le fuera robado el 52% de su territorio. Tampoco forma parte de esas raíces, el pueblo afroestadounidense. Es la Europa blanca la madre de los Estados Unidos, empezando por el propio Rubio quien no reivindicó su ascendencia latinoamericana sino la piamontesa y sevillana. El racismo neofascista que representa Rubio sustentó toda su intervención.

2. Estados Unidos es parte de una civilización occidental que no debe sentir vergüenza por su historia: Durante cinco siglos la civilización occidental se expandió por todo el mundo, sus misioneros, sus peregrinos, sus soldados, sus exploradores, cruzaron los océanos, colonizaron nuevos continentes y construyeron vastos imperios que se extendieron por todo el mundo. La historia de Estados Unidos comenzó con un marinero italiano que trajo el cristianismo al Nuevo Mundo, continuó con los colonizadores ingleses que legaron al país su idioma, siguió hacia el medio oeste con campesinos y artesanos alemanes. He aquí la gran civilización que tiene que estar orgullosa de su propia historia, confiada en su futuro. Esta gran civilización no tiene que disculparse de su herencia sino estar orgullosa de la misma para dar forma a su futuro económico y político. En suma, las grandes potencias coloniales y Estados Unidos no deben sentir culpa por su pasado conquistador y colonizador sino sentir orgullo por llevar la civilización al planeta entero.

3. La civilización occidental triunfó en la guerra fría, pero debe deplorar el triunfalismo del “fin de la historia”: Estados Unidos y Europa Occidental, alianza que expresa los miles de años de la civilización occidental, fue la ganadora de la guerra fría. Pero esa victoria la llevó a una peligrosa ilusión: la “del fin de la historia”. Es decir, la del triunfo de la democracia liberal, del libre mercado y la de la globalización que reemplazaría el interés nacional. Esa ilusión hizo que grandes partes de nuestras sociedades se desindustrializaran, enviaran millones de empleos de clase media y trabajadora al extranjero y entregaran el control de sus cadenas de suministro críticas tanto a adversarios como a rivales. El discurso de Rubio nos revela que además de la izquierda, a Francis Fukuyama le ha surgido otro adversario. Ahora es una derecha neofascista que nos advierte acerca de una amenaza real que no visualizó el triunfalismo neoliberal.

4. La desindustrialización fue el gran error de occidente: La desindustrialización no era inevitable, Fue una tontería. En este engaño, Occidente adoptó una visión dogmática de comercio libre y sin restricciones, incluso cuando algunas naciones protegían sus economías y subsidiaban a sus empresas para socavar sistemáticamente las suyas cerrando sus plantas, lo que resultó en que grandes partes de nuestras sociedades se desindustrializaran. Fue una transformación tonta pero voluntaria de la economía occidental que “nos dejó dependientes de otros para nuestras necesidades y peligrosamente vulnerables a las crisis”. Estados Unidos y Europa deben reindustrializarse. La gran pregunta que surge ante esta urgencia ¿cómo podrán los aranceles que impone Estados Unidos a Europa lograr ese objetivo?

5. La migración es el gran peligro para la identidad occidental: En el culto a la globalización, en la búsqueda de un mundo sin fronteras, Occidente abrió sus puertas a una ola de migración masiva sin precedentes que amenaza la cohesión de sus sociedades, la continuidad de su cultura y el futuro de sus pueblos. La migración masiva no fue, no es, una preocupación marginal de poca importancia. Fue y sigue siendo una crisis que está transformando y desestabilizando sociedades en todo Occidente. “Cometimos estos errores juntos y ahora, juntos, le debemos a nuestro pueblo enfrentar esos hechos y seguir adelante, reconstruir”.  La gran pregunta para este tema es ¿cómo se puede frenar la migración de negros, pardos y amarillos y al mismo tiempo contar con fuerza de trabajo en países con una pirámide demográfica invertida?

6. Hay que apaciguar el culto climático y desterrar el miedo a la guerra y a la tecnología: Occidente debe apaciguar el miedo al cambio climático. Ha abrazado culto climático, se ha impuesto políticas energéticas que están empobreciendo a su gente, incluso cuando sus competidores explotan el petróleo, el carbón, el gas natural y cualquier otra cosa, no sólo para impulsar sus economías, sino para usarlas como palanca contra las occidentales. Estados Unidos busca una alianza que no esté paralizada en la inacción por el miedo: miedo al cambio climático, miedo a la guerra, miedo a la tecnología.  El discurso de Rubio es preocupante: exalta no solamente una visión racista e imperialista, sino agita la depredación ambiental, el belicismo y la tecnología desbocada.

7. Europa y Estados Unidos deben formar una alianza para dominar al sur global: Europa debe sobrevivir, porque el destino de Europa siempre será relevante para Estados Unidos. Pero el trabajo de esta nueva alianza no debería centrarse sólo en la cooperación militar y en recuperar las industrias del pasado.  La alianza Estados Unidos-Europa debe contemplar viajes espaciales comerciales e inteligencia artificial de vanguardia; automatización industrial y fabricación flexible; creación de una cadena de suministro occidental para minerales críticos que no sean vulnerables a la extorsión de otras potencias; y un esfuerzo unificado para competir por participación de mercado en las economías del Sur Global.  Esta alianza debe preservar una libertad de acción que permita dar forma a su propio destino en vez de operar para un estado de bienestar global y expiar los supuestos pecados de generaciones pasadas.  Una alianza que no debe permitir que su poder sea externalizado, restringido o subordinado a sistemas fuera de su control; que no debe depender de otros para las necesidades críticas de su vida nacional. Que tampoco debe mantener la pretensión educada de que nuestra forma de vida es sólo una entre muchas y que pide permiso antes de actuar.  Y, sobre todo, “una alianza basada en el reconocimiento de que nosotros, Occidente, hemos heredado juntos algo único, distintivo e irremplazable, porque esto, después de todo, es la base misma del vínculo transatlántico”.

8. Occidente debe desembarazarse del derecho internacional: No puede ignorarse que actualmente las Naciones Unidas no tiene respuestas ante los asuntos más urgentes para Occidente: no pudo resolver la guerra de Gaza; tampoco ha podido resolver la guerra en Ucrania, no pudo impedir el programa nuclear de Irán, no pudo abordar la amenaza e la dictadura narcoterrorista de Venezuela. Fueron los dirigentes estadounidenses los que liberaron a los cautivos en Gaza de los bárbaros y lograron una frágil tregua; también se requirieron 14 bombas lanzadas a Irán con precisión desde bombarderos B-2 estadounidenses.  Y fueron necesarias fuerzas especiales estadounidenses para llevar al fugitivo Maduro ante la justicia. En un mundo perfecto, todos estos problemas y más serían resueltos por diplomáticos y resoluciones enérgicas.  Pero no vivimos en un mundo perfecto y no podemos seguir permitiendo que quienes amenazan descarada y abiertamente a nuestros ciudadanos y ponen en peligro nuestra estabilidad global se protejan detrás de abstracciones del derecho internacional que ellos mismos violan rutinariamente.

El gran mérito del discurso de Rubio en Munich es que es muy claro en lo que la derecha neofascista e imperialista persigue hoy: un imperio constituido por un Estados Unidos blanco, que tiene como aliada subordinada a una Europa blanca, que se considera adalid de la civilización occidental y cristiana, que no debe avergonzarse de su talante conquistador y colonial, que busca el dominio y expoliación del sur global, que no debe temerle al cambio climático ni a la guerra y que no debe regirse por el derecho internacional. A esto nos enfrentamos el resto del mundo.

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