Desde principios del siglo XIX hasta la fecha, mexicanos y cubanos lucharon juntos en importantes batallas en defensa de la independencia y del progreso social en ambos países.
México llevó a cabo su lucha de independencia contra España entre 1810 y 1821, pero luego tuvo que defender su territorio en la guerra de Tejas, de 1836 a 1838, contra Estados Unidos, en la guerra de 1845-47, y enfrentar la intervención francesa, de 1861 a 1867; Cuba libró tres guerras, sucesivas, para liberarse del dominio español: la “guerra de los Diez Años (1868- 1878); la Guerra “Chiquita” (1879-1880) y la “Guerra Necesaria”, o “Guerra del 95” (1895-98).
A lo largo del siglo XIX, las interacciones entre las luchas libertarias de México y Cuba, tuvieron lugar tanto en la esfera intelectual y política como en los campos de batalla, donde hubo cubanos que combatieron a favor de México y mexicanos que lo hicieron en defensa de Cuba.
Juárez en Cuba y Martí en México
En 1853, perseguido por el gobierno conservador de Santa Anna, Juárez tuvo que partir al exilio; en sus Apuntes para mis hijos relata:
“El día 9 (de octubre) llegué a La Habana donde por permiso que obtuve del capitán general Cañedo, permanecí hasta el día 18 de diciembre que partí para Nueva Orleans donde llegué el día 29 del mismo mes”.
En La Habana, es vigilado por agentes de Santa Anna, quien deseaba verlo marchar a Europa; sin embargo, Juárez se entrevista con Cañedo, capitán general de la Isla, le pinta «con sobrios pero intencionados trazos su situación, y Cañedo le da hospitalidad». [1]
«Ya en la serenidad de su hospedaje, Juárez siente en la carne y en la sangre un nuevo horror. Gusta de ir, por las mañanas cálidas de La Habana, a pasearse por la playa y allí es testigo del espectáculo atroz de la esclavitud. Pasan los negros en su silencio de bestias y Juárez adivina en el temblor de su propia piel cobriza el grito tremendo de su libertad. Y este pueblo que vive aún bajo el látigo y el yugo conmueve tan hondamente al indio, que un éxtasis doloroso le sella los labios». [2]
Cabe destacar que en 1861, el presidente Juárez prohibió la deportación de los indígenas mayas a Cuba, donde se vendían como esclavos.
En el exilio, Juárez hizo una de las principales amistades de su vida: el periodista y poeta cubano Pedro Santacilia [3], quien lo apoyó en la lucha contra Santa Anna y posteriormente contra el imperio de Maximiliano.
Santacilia se convertiría en yerno de Juárez al casarse con Manuela, su hija mayor; en Nueva Orleans, Santacilia y el general cubano Domingo Goicuría eran dueños de un establecimiento comercial cuyos recursos pudieron a disposición de Juárez para sus proyectos políticos e ideológicos.
Durante la intervención francesa, Juárez encomendó a Santacilia la protección de su familia.
Antes, en 1859, Juárez expresaría en una carta a Santacilia, la famosa máxima: “Es imposible moralmente hablando que la reacción triunfe”. [4]
Tanto en su exilio como en su lucha por las libertades del ser humano, Juárez se rodeó de un grupo de amigos y compañeros de ideales; todos liberales y muchos de ellos masones, como el propio Juárez y como Santacilia.
En 1869, Goicuría partió a Cuba y el 7 de mayo de ese año, fue ejecutado por los españoles; Ignacio Manuel Altamirano se condolió por su muerte y el gobierno de Benito Juárez ofreció hospitalidad a la familia del mártir cubano, así como una pensión suficiente para que viva con algún descanso”.
Desde 1826, las logias cubanas y las mexicanas habían cultivado relaciones; en ese año, el entonces presidente Guadalupe Victoria recibió a un grupo de masones cubanos encabezados por Guillermo Lamont, fundador del Rito Primitivo Cubano. [5]
Por ello, Juárez “tuvo las mejores atenciones durante su estancia en Cuba. Le ayudaron en todo lo que les fue posible, teniendo desde luego casa y comida”. [6]
Conoció a los cubanos Anastasio Parrodi [7] y Pedro Ampudia [8], grandes maestros de la Gran Logia del Rito Cubano, y quienes posteriormente formarían parte del gabinete juarista: Parrodi, como secretario de Guerra, del 15 de marzo de 1858 al 3 de abril de 1858 y Ampudia, de Marina, del 28 de abril de 1859 al 20 de septiembre de 1860. [9]
También cercano a Juárez fue el general cubano Benito Zenea, gobernador de Querétaro hasta 1870, cuando se retiró a la vida privada.
Militares cubanos como los hermanos Manuel y Rafael de Quesada (general y coronel, respectivamente); Manuel brindo protección al presidente Juárez cuando éste tuvo que huir a San Luis Potosí perseguido por los intervencionistas.
Si Juárez, el Benemérito de las Américas estuvo en Cuba, donde recibió el apoyo de los liberales cubanos, José Martí, el poeta y prócer cubano estuvo en México, donde lo apoyaron círculos liberales y juaristas.
José Martí (1853-1895) nació en La Habana, precisamente el mismo año en que Benito Juárez llegó a Cuba buscando refugio.
Como otros cubanos que luchaban por la independencia de su país, Martí se exilió a México, a donde llegó en 1875, a sólo tres años de la muerte del Benemérito, y donde permanecería hasta marzo de 1877, cuando comenzaba el periodo porfirista.
Como apunta Adalberto Santana en su trabajo “Benito Juárez en Cuba y José Martí en México” (rilzea.cialc.unam.mx), en la obra escrita de Martí “se puede constatar que en su memoria siempre estuvo presente el ideario juarista”.
En 1876, Martí escribió en memoria de Juárez:
“A Juárez, a quien odiaron tanto en la vida, apenas habría ahora, si volviéramos a vivir, quien no le besase la mano agradecido. Otros hombres famosos, todos palabra y hoja, se evaporan. Quedan los hombres de acto; y sobre todo los de acto de amor. El acto es la dignidad de la grandeza. Juárez rompió con el pecho las olas pujantes que echaba encima de la América todo un continente; y se rompieron las olas y no se movió Juárez”.
En 1894, añadió:
“Juárez, el indio descalzo que aprendió latín de un compasivo cura, echó el cadáver de Maximiliano sobre la última conspiración clerical contra la libertad”.
Martí fue amigo de pedro Santacilia, oriundo de Santiago de Cuba y yerno de Juárez; al igual que Juárez y Santacilia, Martí fue masón, iniciado en la logia Armonía, de Madrid, donde fue orador. (Julio Alfonso López. “Martí y el ideal masónico” La jiribilla.cu.)
Se afilió también a una logia de la Ciudad de Cienfuegos, Cuba, donde José Martí escogió el seudónimo “Anáhuac” para firmar algunos de sus artículos, señala Pablo Moctezuma Barragán, quien afirma también:
“Juárez y Martí tuvieron en común que lucharon hasta los últimos días de su vida por ver a su patria libre y soberana”. (“México y Cuba, siempre hermanos” Mexteki.org).
Durante su estancia en México, Martí tejió relaciones con algunos personajes del gobierno Lerdista [10] y trabajó como periodista, en la Revista Universal de Política, Literatura y Comercio, en El Socialista, órgano del Gran Círculo Obrero de México y en el periódico El Federalista. [11]
Fue crítico de la política de Porfirio Díaz y de sus tendencias autoritarias, por lo que lo cuestionó públicamente: “¿Qué venía Díaz a restaurar, si todo lo vulnera? ¿Qué libertad respeta, si no deja libre más que la voluntad de admirarlo servilmente?”
En 1894. Martí volvió a México para buscar apoyos a la Independencia de Cuba y buscó entrevistarse con el presidente Porfirio Díaz para explicarle “la significación y alcance de la revolución sagrada de independencia y ordenada y previsora a que se dispone Cuba”. [12]
Martí regresó a Cuba, donde murió el 19 de mayo de 1895, a los 42 años, al recibir tres disparos cuando cargaba contra las tropas españolas, montado en un caballo blanco, lo que lo convertía en un blanco fácil.
Un día antes de morir, Martí escribió su famosa carta a su gran amigo mexicano, Manuel Mercado, quien lo apoyó en su trayectoria periodística y en sus proyectos personales, y donde Martí se refiere así a lo que considera la gran amenaza de los proyectos expansionistas de Estados Unidos: “la anexión de nuestros pueblos de América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia…Viví en el monstruo y le conozco las entrañas, y mi honda es la de David…”.
- [1] Héctor Pérez Martínez Juárez el impasible, Muralla editorial, Campeche, 1988, p. 66.
- [2] Id..
- [3] Pedro Santacilia Palacio (1834-1910), incansable luchador por la independencia de Cuba, entre sus escritos destacan sus «Lecciones Orales de Historia de Cuba», tomadas de sus conferencias impartidas en Nueva Orleans. Al fin de la intervención francesa se incorporó al gobierno de Juárez; está sepultado en el Panteón Francés de la ciudad de México. (https://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Santacilia).
- [4] Correspondencia Juárez-Santacilia, 1858-1867, Secretaría de Marina, México, 1972, p. 4. Cabe señalar que la frase juarista animó la lucha pacífica contra los gobiernos derechistas de Vicente Fox y Felipe Calderón que una y otra vez atentaron contra el estado laico y las libertades que de él emanan.
- [5] Ibid., p. 172.
- [6] Humberto Rodríguez Lozano. Benito Juárez. Biografía masónica, Segunda parte, México, 2006, p. 172.
- [7] Anastasio Eugenio Ángel Carlos Roldán Parrodi (1805 – 1867) nació en La Habana, participó en las luchas entre federalistas y centralistas, combatió en la Guerra de Texas, la Guerra contra Estados Unidos y la Guerra de Reforma, siempre en el bando progresista, pero pidió el indulto al gobierno de Maximiliano y murió en la ciudad de México, en 1867, antes de la caída del segundo imperio. (https://es.wikipedia.org/wiki/Anastasio_Parrodi).
- [8] Pedro Nolasco Martín José María de la Candelaria Francisco Javier Ampudia y Grimarest (1805 – 1868) defendió la ciudad de Monterrey en la guerra contra los estadounidenses; fue gobernador de los estados de Nuevo León, Tabasco y Yucatán. Durante la intervención francesa reconoció al imperio de Maximiliano, y su nombre apareció en la lista de generales que custodiaron a Maximiliano y Carlota desde la Hacienda de la Teja hasta la Catedral de México. Tras la caída del imperio, Ampudia fue arrestado y enviado a la prisión de Tlatelolco. (https://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Ampudia).
- [9] Rodríguez Lozano loc. cit.
- [10] Sebastián Lerdo de Tejada y Corral (1823-1889) fue presidente de México de 1872 a 76 y presidente interino en 1872. Lo derrocó Porfirio Díaz, con el Plan de Tuxtepec que pregonaba “Sufragio efectivo, no reelección”, por lo que Lerdo se exilió en Nueva York, donde murió.
- [11] Wilfredo Padrón Iglesias y Yakelin Hernández Estrada. “José Martí en México (1875-1877)” Revista Caribeña de Ciencias Sociales (mayo 2019).
- [12] Wilfredo Padrón Iglesias. “José Martí y Porfirio Díaz: notas sobre una singular relación” (ciclac.unam.mx).













