Columnas

Nos estamos viendo…

Y sí, el «y si sí» sigue doliendo; pues no era solo futbol, no solo era un mundial. Fue —y es— un espacio donde sentirse representado te afirma como mexicano. Donde la mexicanidad luce, pues.

Pero, pensándolo bien, quizá el «y si sí» no nació en el fútbol. El fútbol únicamente le dio un escenario más para manifestarse a algo que ya existe en la profundidad cultural del “Mexa”.

Si algo caracteriza al mexicano es una relación muy peculiar con el tiempo.

No me refiero a la impuntualidad —como suelen decir quienes nos observan desde fuera—, sino a una comprensión distinta de la temporalidad.

Pensemos en dos expresiones profundamente nuestras: el «ahorita» y el «nos estamos viendo».

La primera suele desesperar a quien no nació en tierra azteca. «Ahorita» puede significar inmediatamente, dentro de media hora, mañana o, simplemente, nunca. Para el extranjero resulta una palabra imprecisa; para el mexicano, en cambio, el contexto basta para comprenderla.

La segunda expresión tiene una profundidad valiosa de reflexionar. Eduardo Galeano dijo que «nos estamos viendo» era la manera más bella de despedirse que él había escuchado. Y tiene razón. Porque, en estricto sentido, quien dice «nos estamos viendo» no termina de irse.

Imagine, lector, lectora: los mexicanos —y mexicanas— nos despedimos quedándonos en la persona de la cual nos despedimos.

La despedida no rompe el vínculo, caray.

En ambas expresiones hay una forma muy mexicana de comprender el tiempo; lo vemos como un espacio flexible donde las relaciones importan más que los relojes y donde el futuro permanece siempre abierto.

Quizá por eso el «y si sí» ya existía en el núcleo del “ahorita” y del “nos estamos viendo”.

No porque ignoremos la realidad, sino porque nuestra cultura difícilmente clausura las posibilidades.

Siempre deja una rendija para la esperanza, para el reencuentro, para la conversación pendiente o para el próximo intento.

El «ahorita» nunca termina de cerrar el presente.

El «nos estamos viendo» nunca termina de cerrar la ausencia.

Y el «y si sí» nunca termina de cerrar la derrota.

Tal vez en la obstinada manera de seguir dejando abiertas las puertas del tiempo, incluso cuando todo parece haber terminado, habita la mexicanidad.

Nos estamos viendo…

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