En 2021, cuando nadie imaginaba la magnitud de lo que sería el conflicto comercial entre Estados Unidos y China, el presidente Andrés Manuel López Obrador previó la disputa comercial que se daría en el mundo.
Valoró cómo China dominaba el 12.2% del mercado de exportaciones y Estados Unidos solo el 9.5%, pero que si no se hacía algo, esto se acentuaría para el 2051 con el dominio de China alcanzando el 64.8% y Estados Unidos el 10%.
El presidente López Obrador explicó que “esto mantendría viva la tentación de apostar a resolver esta disparidad, mediante hegemonías bélicas, aranceles severos o la tentación del uso de la fuerza”.
“López Obrador presentó en 2021 una propuesta para integrar a toda América y construir una región capaz de cooperar, desarrollarse y competir en igualdad de condiciones en el entorno mundial”.
Con el fin de evitarlo, presentó una propuesta que hoy adquiere una vigencia extraordinaria: integrar toda América para construir una región capaz de cooperar, desarrollarse y competir en igualdad de condiciones en el entorno mundial.
Lo ejemplificó con una integración económica al estilo de la Unión Europea. Su visión consistía en pasar de una política de confrontación a una de cooperación conjunta respetando la soberanía de cada país.
Cinco años después con un Trump en terror de pánico que inició una guerra de aranceles -como lo señaló el presidente López Obrador- una intervención en Venezuela y una inútil guerra en Irán que pensó serviría para cortarle el paso a China pero que ante su imposibilidad de avanzar, recurre a desquitarse con América.
Atenuando el bloqueo cobarde en contra de Cuba e interviniendo en elecciones a través de amenazas y de sus mentiras de narcogobiernos y el trasnochado fantasma del comunismo en pleno siglo XXI.
Frente a ello, liderazgos como los de la presidenta Claudia Sheinbaum, Lula da Silva y Gustavo Petro han respondido inteligentemente evitando caer en la confrontación e histeria.
Pero eso no basta.
Mientras el pánico de Trump nos lleva al precipicio, del otro lado debemos construir una narrativa que reivindique las razones por las que el progresismo es la fuerza más grande en América Latina.
“El próximo Congreso Panamericano se realizará del 21 al 23 de agosto de 2026 en Montevideo con 100 referentes progresistas, legisladores y gobernadores de 15 países”.
El planteamiento es lograr que la primera Declaración de las Américas sea fruto del próximo Congreso Panamericano que se realizará del 21 al 23 de agosto de 2026 en Montevideo con 100 referentes progresistas, legisladores y gobernadores de 15 países.
Pero la verdadera fuerza de esta declaración no debe venir únicamente de los gobiernos. Debe nacer de los pueblos. En cada ciudad, comunidad y barrio en América, tenemos que realizar asambleas populares, en su caso, acompañadas de festivales culturales, poesía, música y espacios de diálogo para respaldar la Declaración de las Américas.
En paralelo, realizar una convocatoria continental de firmas ciudadanas a través de change.org que nos ayude a generar la fuerza y la confianza de que podemos construir otro proyecto que doblegue las armas.
La verdadera disputa de nuestro tiempo es entre un modelo que normaliza la guerra, la desigualdad y la subordinación; y otro que coloca en el centro el desarrollo, la colaboración y la vida.
Que las armas cedan el paso a la palabra. Que la competencia dé lugar a la colaboración. Y que la esperanza vuelva a ser el proyecto político de nuestro continente.












