Columnas

Tras la invasión, ¿adónde va Venezuela?

No fue inesperada la invasión estadounidense a Venezuela. Desde hace meses la preveíamos y las redacciones de los medios noticiosos con mayor razón. Lo que resultó una dolorosa sorpresa fue lo fulminante y letal que resultó ser la llamada Operación Determinación Absoluta. El operativo invasor comenzó a las 2.01 de la madrugada hora de Caracas y a las 3.21, o sea ochenta minutos después (a lo sumo noventa), el presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores estaban siendo ingresados en el buque anfibio Iwo Jima. El barco los llevó a la Base de Guantánamo en Cuba y de ese lugar en un avión militar los trasladaron a un aeropuerto en Nueva York para finalmente entregarlos a alguna de las instalaciones de la DEA en ese lugar. Ha sido humillante y ultrajante ver a Nicolás Maduro esposado, con los ojos cubiertos y tratado de la manera que uno ve que tratan a los criminales más perversos del narcotráfico.

En hora y media, los aviones estadounidenses F-35, F-22 y B-1B lanzaron un arrasador bombardeo que anuló al sistema de defensa antiaéreo venezolano y neutralizó cualquier otra respuesta al bombardear también el Aeropuerto de Higuerote y las antenas de comunicación en el estado de Miranda, el puerto, las infraestructuras navales y aéreas de La Guaira, la base aérea El Libertador y otras instalaciones militares en Aragua. En Caracas los objetivos principales fueron el Fuerte Tiuna y la base aérea La Carlota. El blanco primordial de los invasores fue el Fuerte Tiuna no solamente porque es el principal y más grande complejo militar de Venezuela, sede del Ministerio del Poder Popular para la Defensa de Venezuela asimismo sede de diversas academias militares, sino también porque allí se encontraba el presidente Maduro y su esposa. En cuestión de minutos los invasores lograron someter al fuerte, abatir a la mayoría de los integrantes del círculo de seguridad de Maduro, entre ellos a 32 heroicos internacionalistas cubanos. Se estima que la invasión dejó entre 40 y 80 muertos venezolanos y cubanos mientras que Trump afirmó que solamente un efectivo estadounidense había sido herido.

La rapidez y efectividad del ataque despertó suspicacias entre quienes habíamos seguido con atención los preparativos que desde hace meses realizaba el gobierno bolivariano ante la previsible invasión. Era reputado que Venezuela invirtió cientos si no es que miles de millones de dólares en los sistemas de defensa antiaérea rusos S-300 o misiles chinos HQ-7 además de los Buk-M2E, Pechora-2M o los radares chinos JY. Ver volando impunemente en el cielo nocturno de Caracas a los helicópteros estadounidenses Chinook y Black Hawk fue descorazonador. Fueron estos helicópteros los que trasladaron a los integrantes de las tropas especiales (la fuerza Delta y Night Stalkers) que realizaron las operaciones terrestres que culminaron con el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores. Ni un avión o helicóptero estadounidense fue derribado. Misiles y radares rusos y chinos parecen no haber funcionado.

¿Qué fue lo que sucedió la madrugada del 3 de enero en Venezuela? La primera conjetura fue que había habido traición, parálisis de mando, pasividad temerosa ante la abrumadora superioridad militar del invasor. Análisis posteriores indican que también pudo haber habido una combinación de factores que explican el éxito imperialista: posible infiltración y acopio de inteligencia a través de filtraciones internas (por tanto vulneración del anillo de seguridad del presiente Maduro), ineficacia en el manejo del sistema de defensa antiaérea, neutralización electrónica del mismo, deficiencias mismas del armamento ruso y chino, fallas en la cadena de mando y los efectos de los bombardeos estadounidenses. Las suspicacias aumentaron por la táctica que ha usado la Casa Blanca para lograr la defenestración definitiva de la revolución bolivariana: decapitar el poder político venezolano y aceptar que la vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodríguez asuma la presidencia en funciones. No faltó quienes desde las teorías de la conspiración dijeran que el secuestro de Maduro era algo pactado o peor aún, algo que se había hecho sin el consentimiento de Maduro.

Contrariamente a lo que la ultraderecha venezolana pensaba que iba a suceder, María Corina Machado ha sido descartada como sucesora de Maduro. Donald J. Trump y Marco Rubio han dicho que es una gran mujer pero que no tiene el respecto y el apoyo suficiente para asumir una presidencia interina que tendría que llamar a elecciones. En vez de ello Washington ha aceptado que Delcy Rodríguez asuma la presidencia al mismo tiempo que han expresado que Estados Unidos ya está gobernando a Venezuela, que ya tiene acceso a su petróleo y que en unos meses el gobierno encabezado por Delcy convocará a elecciones. La táctica imperialista sería la de hacer que el propio chavismo asuma la dirección de la llamada “transición” por considerar inviable que alguna figura de la oposición pudiera hacerlo.

Delcy Rodríguez ha asumido la presidencia interina, pero de acuerdo con la Sala Constitucional del Tribunal Superior de Justicia, lo ha hecho por ausencia temporal de Maduro. Solamente si la misma sala concluyera de acuerdo con el artículo 233 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que la ausencia de Maduro es “absoluta”, se tendría que convocar a elección en un plazo de 30 días siempre y cuando esto sucediera en los primeros cuatro años del mandato que le correspondía cumplir al presidente hoy secuestrado. Después de esos cuatro años, Delcy tendría que cumplir el período completo. Las causas de la ausencia absoluta contemplados en la constitución bolivariana son: muerte, renuncia, destitución decretada por el TSJ, incapacidad física o mental permanente certificada, abandono del cargo, revocatoria popular del mandato. Ninguna de estas causas explica la ausencia de Maduro.

Con el secuestro de Maduro la Casa Blanca logró decapitar al gobierno venezolano, pero no ha logrado desmantelar a la revolución bolivariana. La decapitación ha sido subsanada rápidamente con el nombramiento de Delcy Rodríguez y se sigue considerando a Maduro como el presidente de Venezuela. Venezuela se quedó sin el presidente, pero no ha habido “cambio de régimen”. En la narrativa trumpiana, Delcy Rodríguez sería una presidenta interina títere que cumpliría los designios imperialistas: crear las condiciones para una elección presidencial en unos meses más (en la cuales Washington buscaría imponer a Machado o a alguien como ella) y comenzar a entregar a Estados Unidos el petróleo venezolano. Tiene Washington en sus manos instrumentos para presionar un camino hacia la “transición”: la amenaza de una nueva invasión con nuevas abducciones que seguirían a la de Maduro (50 millones de dólares de recompensa) como la de Diosdado Cabello (25 millones) y Vladimir Padrino (15 millones); el bloqueo naval a las exportaciones de petróleo, las 1,042 Medidas Coercitivas Unilaterales y la eventual reactivación de la oposición ultraderechista. El gobierno venezolano tiene condiciones para resistir la presión imperialista: la propia trayectoria de Delcy Rodríguez; la hasta ahora incólume unidad en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y de la Policía Nacional Bolivariana (PNB); la maquinaria del Partido Socialista Unificado de Venezuela; los millones de milicianos y milicianas que hasta ahora siguen organizados; las 4 o 5,000 Comunas y los 49,000 Consejos Comunales. He aquí la correlación de fuerzas que definirá el rumbo próximo de Venezuela.

La revolución bolivariana ha sufrido un severo golpe con la invasión estadounidense y el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores. Estos hechos han evidenciado una asimétrica correlación de fuerzas militares entre Estados Unidos y Venezuela, hecho que ya se sabía pero que ahora ha quedado totalmente develado. La invasión evidencia que México y Colombia, no se diga Cuba y Nicaragua, tienen motivos para temer agresiones imperialistas similares. Trump ha blasonado un nuevo nombre para la Doctrina Monroe (la “Donroe”) que considera al hemisferio occidental, en particular el tramo que va desde Groenlandia hasta Tierra del Fuego, como su espacio vital o lebensraum. América Latina tiene el infortunio de formar parte fundamental de ese espacio que es esencialmente vital para un imperio moribundo. Pero también ha mostrado a lo largo de su historia que es insurrecta y que sabe resistir.

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