Columnas

Una universidad pública y autónoma como la BUAP debe garantizar el derecho a una educación superior laica y gratuita

El martes pasado comenté en La Nocturna, un espacio dedicado fundamentalmente al análisis de la educación superior en México, los datos referidos a la matrícula y a la planta docente de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla durante los años escolares de 2021-2022, 2022-2023, 2023-2024 y 2024-2025.

Al menos dos resultados obtuvimos de este análisis sobre la base de los Anuarios Estadísticos emitidos por la administración de la universidad. El primero, que la matrícula en el nivel de licenciatura es proporcionalmente menor a la matrícula en el nivel medio superior. En 2021 aceptaron 43 de 100 alumnos en la licenciatura y 67 de 100 alumnos en el nivel medio superior. Una diferencia de 23.6 puntos porcentuales. Y en el último año escolar se admitieron 34 de 100 alumnos en la licenciatura y 51 de 100 alumnos en el nivel medio superior. Una diferencia de 16.7 puntos porcentuales.

Aunque la diferencia se ha acortado en 6.9 puntos, llama la atención que la universidad ofrezca más lugares en el nivel medio superior cuando en el Estado de Puebla existen varias opciones públicas de este nivel como el Colegio de Bachilleres, los Colegios de Estudios Científicos y Tecnológicos, los Centros de Bachillerato Tecnológico, el Colegio Nacional de Educación Profesional (CONALEP), entre otras.

Hay que señalar además que, con excepción del Colegio de Bachilleres, las demás son opciones específicamente tecnológicas.

En cambio, en el caso del nivel superior la única opción universitaria es la BUAP, pues las otras cuatro son tecnológicos y el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE). También están las instituciones fundadas por el gobierno del estado en los últimos años, aunque su matrícula alcanza alrededor de 1,500 estudiantes, como es el caso de la Universidad de la Salud del Estado de Puebla.

Obviamente la diversidad de la denominada oferta educativa de la BUAP es muy superior y para las y los jóvenes constituye la única opción en la gran mayoría de las licenciaturas que ofrece. Por eso se le llama la Máxima Casa de Estudios del Estado de Puebla.

Esta es la razón que nos lleva a preguntar ¿por qué la única universidad pública que tiene este abanico de licenciaturas en distintas áreas del conocimiento no destina sus recursos y sus esfuerzos a ampliar la matrícula en el nivel superior? ¿por qué sigue abriendo bachilleratos tecnológicos cuando éstos ya existen en la ciudad y en el interior del estado de Puebla?

En 2022 el nivel medio superior contaba con 423 PHC (profesores hora clase) y en 2023 el número se incrementó a 636. O sea, tuvieron un incremento de 213, más del 50% de esta categoría de docentes. Y en 2024 este número llegó a 650.

En cambio, en el nivel de licenciatura la contratación de PHC ha sufrido vaivenes. En 2021 había 1,910 y en 2022 subió a 2,016, 106 PHC más, pero en 2023 disminuyó a 1,882 y en 2024 volvió a subir a 1,960. Recordemos que esta es la categoría laboral que recibe menor paga que, en suma, en cuatro años se incrementó en 50 contrataciones.

Pero ¿qué ha pasado con los profesores de carrera del nivel de licenciatura en estos cuatro años?

Pues los profesores de tiempo completo disminuyeron de 1,925 en 2021 a 1,807 en 2024, 118 plazas menos, y los profesores de medio tiempo disminuyeron de 317 a 286, 31 plazas menos.

Estos números no sólo indican la desprofesionalización galopante que sufre el magisterio de la BUAP sino también su consecuencia más trágica: la incapacidad de nuestra universidad para cumplir con su función que es la de garantizar a las y los jóvenes su derecho a una educación superior pública, laica y gratuita.

Como dice la doctora Sheinbaum: “la educación no es un privilegio, es un derecho”.

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