Diario RedPolítica

El manual desestabilizador

Washington busca crear un enemigo interno con un relato que pareciera prefabricar el escenario para otra invasión

«La justicia no funciona, el sistema político no funciona y el sistema legal no funciona en México porque hay territorio controlado y ocupado por organizaciones terroristas«. Con esas palabras, Stephen Miller, subjefe de gabinete de la Casa Blanca y principal asesor de seguridad interior del presidente Donald Trump, justificó el lunes la narrativa que Washington ha venido construyendo desde hace meses para caracterizar a México como un Estado incapaz de ejercer plenamente su soberanía.

Miller pronunció estas declaraciones durante la ceremonia en la que el secretario de Defensa, Pete Hegseth —a quien Donald Trump ha insistido en llamar «secretario de Guerra«, aunque el Congreso estadounidense no ha formalizado ese cambio— condecoró a 50 integrantes de las Fuerzas Armadas con la Medalla de Defensa de la Frontera Mexicana.

La escena resulta profundamente simbólica. La recuperación de una condecoración creada hace más de un siglo para reconocer a quienes participaron en la última invasión estadounidense a México reabre un capítulo histórico que parecía cerrado y proyecta un mensaje político de enorme alcance.

La última gran intervención militar de Estados Unidos en territorio mexicano ocurrió entre 1916 y 1917, con la «Expedición Punitiva«: al mando del general John J. Pershing, tropas estadunidenses ingresaron al estado de Chihuahua para buscar y capturar a Francisco «Pancho» Villa, tras el ataque de este a Columbus.

La recuperación de una condecoración creada hace más de un siglo para reconocer a quienes participaron en la última invasión estadounidense a México reabre un capítulo histórico que parecía cerrado y proyecta un mensaje político de enorme alcance.

Fue el primer escenario donde el ejército de Estados Unidos probó armamento moderno con miras a su posterior entrada a la Primera Guerra Mundial. Los soldados emplearon camiones de carga, vehículos blindados, motocicletas con ametralladoras y el primer Escuadrón Aéreo para reconocimiento del terreno.

Pero el fracaso de la misión fue contundente: Francisco Villa conocía a la perfección la geografía de la sierra de Chihuahua, lo que le permitió evadir al ejército extranjero mediante tácticas de guerra de guerrillas y el ejército estadounidense se retiró formalmente de suelo mexicano en febrero de 1917 sin cumplir su objetivo.

En esos días, Estados Unidos entregaba la Medalla de Defensa Fronteriza de México a sus combatientes; 100 años después, la medalla es reivindicada como un anuncio explícito de guerra por parte del imperio, no solo con México sino con el mundo. El propio Hegseth afirmó que la reutilización y reedición de una medalla de hace más de un siglo es similar a que su ministerio volviera a llamarse Departamento de Guerra.

En 1916 Estados Unidos usó la imagen de Pancho Villa como chivo expiatorio para invadir territorio mexicano —invasión que posteriormente fue rechazada por el gobierno de Carranza—. Hoy, el pretexto es el narcotráfico. Washington busca crear un enemigo interno con un relato que pareciera prefabricar el escenario para otra invasión.

El manual desestabilizador ya no es una técnica oculta, como ocurría en el pasado. Por el contrario, los funcionarios del imperio hacen evidentes cada uno de sus pasos como alertas de una posible intervención: la creación del enemigo interno, la estigmatización con el narcotráfico, el uso de la industria de la desinformación y la estimulación de los dispositivos de odio para generar confusión e intervenir en procesos electorales. Es la fórmula que han repetido los últimos 18 meses en toda la región.

Bajo el justificativo de la amenaza fantasma, Estados Unidos se declara en potestad de convertirse en la mayor amenaza de todos los demás países. Es cierto que nos resulta impensable un anuncio explícito de guerra. Es tan insensato y tan desproporcionado que cuesta pensar que, incluso generadores del caos como Donald Trump se puedan atrever a tanto. Pero Estados Unidos está abiertamente en guerra. Que el propio Donald Trump reivindique esta medalla al cuidado de la frontera no es una casualidad. Es una señal.

En 1916 la consigna fue «ir por los revolucionarios«, hoy el llamado es ir «por la izquierda radical y terrorista«. Poco han cambiado en un siglo sus intenciones y sus relatos. Pero hay una cosa que no parece estar en sus cálculos: nunca atraparon a Pancho Villa. El pueblo chihuahuense y el ejército de Carranza lo protegieron. En las próximas semanas o meses, sabremos si esa voluntad soberanista del pueblo de México también se mantiene.

Fotografía: Diario Red

Recuerda suscribirte a nuestro boletín

📲 https://bit.ly/3tgVlS0
💬 https://t.me/ciudadanomx