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Trump frente al verdadero muro latino

Uno de cada cuatro latinos que votaron por Trump no volvería a hacerlo. El 67% desaprueba actualmente su gestión

Donald Trump regresó en 2024 a la Casa Blanca gracias a una parte importante del voto latino que durante décadas había sido uno de los electorados más cercanos al Partido Demócrata. En tres campañas presidenciales, el republicano pasó de obtener alrededor del 28% a cerca del 46% de respaldo en 2024. Ese avance contribuyó a sus victorias en estados clave como Arizona y Nevada y fue parte de la coalición electoral que le devolvió la presidencia. Pero ese voto que lo ayudó a ganar también puede pasarle factura.

Una encuesta de UnidosUS, realizada entre 3,000 votantes latinos, encontró que uno de cada cuatro latinos que votaron por Trump no volvería a hacerlo. El 67% desaprueba actualmente su gestión. Entre los hombres latinos, uno de los grupos donde Trump consiguió avances particularmente importantes, el desplome es todavía más pronunciado. Datos de CNN y SSRS sitúan su aprobación en -41 puntos.

No estamos ante una fotografía definitiva de las elecciones de medio mandato. Faltan meses y las encuestas han probado sus propias limitaciones, especialmente cuando se analizan subgrupos pequeños. Pero sí estamos ante una tendencia que la política estadounidense no debería darse el lujo de ignorar.

Trump consiguió buena parte de ese voto latino prometiendo algo muy concreto: una vida económicamente mejor. No le hizo falta ninguna teoría sofisticada. Prometió mejores empleos, mejores salarios, crecimiento económico y precios más bajos. Y esas promesas encontraron terreno fértil entre una población mayoritariamente trabajadora, para la que la inflación y el costo de vida tienen un impacto directo.

Pero la gente no vota el PIB: vota lo que puede comprar con su salario. La macroeconomía puede presentar cifras positivas y Wall Street puede celebrar, pero si llenar el carrito del supermercado sigue siendo más caro, si la vivienda continúa siendo inaccesible y si el salario no alcanza para llegar a fin de mes, la recuperación económica no se siente en casa.

Esta es una de las principales claves del desencanto latino. La aprobación de Trump entre los hombres latinos en materia económica se encuentra en -49 puntos, pese a que en 2024 ese mismo grupo confiaba más en él que en Kamala Harris para manejar la economía.

A esa herida económica se suma otra, más íntima y más política: la ofensiva migratoria de Trump. Las violentas redadas de ICE, las detenciones arbitrarias, las deportaciones y la separación de familias han convertido la retórica antiinmigrante de campaña en una experiencia concreta para comunidades enteras. Y el impacto no se limita a quienes están directamente en riesgo de deportación. La política migratoria atraviesa familias, lugares de trabajo y barrios donde conviven ciudadanos estadounidenses, residentes legales y personas a las que el sistema les ha hecho imposible obtener un estatus migratorio.

Este desencanto no significa que el voto latino haya regresado automáticamente al Partido Demócrata. Y los demócratas harían mal en creerlo, porque si algo demuestra el caso latino es que el voto popular no es propiedad de ningún partido: Trump pudo conquistarlo con miedo, frustración y promesas de prosperidad, pero puede perderlo por las mismas razones.

El próximo 3 de noviembre, las elecciones de medio mandato serán la primera gran prueba electoral del trumpismo después de su regreso a la Casa Blanca. La Cámara de Representantes y una parte del Senado estarán en juego, y cualquier modificación en el comportamiento de los electores latinos puede tener consecuencias importantes en una contienda que promete ser ajustada.

Por eso, el verdadero muro que enfrenta Trump hoy no está en la frontera. Está en las urnas.

Fotografía: Diario Red

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