El conflicto entre Israel e Irán registró un nuevo punto crítico luego de que fuerzas israelíes atacaran el complejo petroquímico South Pars, considerado uno de los principales centros energéticos del país persa y responsable de cerca de la mitad de su producción petroquímica. El bombardeo ocurre en medio de esfuerzos internacionales por impulsar un cese al fuego, lo que pone en duda la viabilidad de las negociaciones en curso.
El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, informó que la ofensiva tuvo como objetivo instalaciones estratégicas del sector energético iraní, destacando que el ataque representó un golpe directo a la capacidad económica del país. Desde el ejército israelí, voceros señalaron que la operación forma parte de una estrategia sostenida contra infraestructura considerada clave, dejando claro que las acciones continuarán mientras avance el conflicto.
Por su parte, autoridades iraníes ofrecieron una versión distinta de los hechos. La Compañía Nacional de Industrias Petroquímicas indicó que, aunque algunos puntos auxiliares fueron alcanzados, la situación se mantiene bajo control y no se reportan víctimas mortales, además de que las instalaciones continúan operando parcialmente. Equipos de emergencia lograron contener incendios y activar protocolos de crisis en la zona afectada.
En paralelo, los enfrentamientos se extendieron a otras regiones. En Teherán, ataques aéreos provocaron explosiones y daños en distintos puntos de la ciudad, incluyendo zonas cercanas a instalaciones universitarias vinculadas a desarrollo tecnológico. Además, autoridades israelíes confirmaron la muerte de altos mandos de la Guardia Revolucionaria, lo que marca una escalada directa contra estructuras militares iraníes.
La tensión también se trasladó al plano internacional. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió que, si Irán no permite la reapertura del estrecho de Ormuz, su gobierno podría intensificar las acciones militares contra infraestructura estratégica. En contraste, líderes europeos como António Costa insistieron en la necesidad de privilegiar la vía diplomática y evitar ataques contra instalaciones civiles.
Mientras tanto, mediadores de países como Egipto, Pakistán y Turquía han impulsado una propuesta de tregua temporal de 45 días que incluye la reapertura del tránsito marítimo en el Golfo Pérsico. Sin embargo, hasta ahora no hay respuesta oficial de Teherán ni de Washington, lo que mantiene la incertidumbre sobre una posible desescalada en uno de los conflictos más sensibles para la estabilidad energética global.
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