La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, volvió a colocar a México en el centro de su discurso político al justificar la residencia en España de los expresidentes Carlos Salinas de Gortari, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. La dirigente conservadora utilizó el caso de los exmandatarios para lanzar nuevos señalamientos contra el gobierno mexicano, en medio de la polémica que dejó su reciente visita al país.
Durante una rueda de prensa en Madrid, Ayuso fue cuestionada sobre las actividades que realizó en México después de cancelar parte de su agenda en la Riviera Maya. En lugar de aclarar con precisión sus reuniones o compromisos, la líder regional recurrió a una narrativa de persecución política y presentó a España como refugio de figuras mexicanas vinculadas a etapas marcadas por privatizaciones, violencia y crisis institucional.
El señalamiento incluyó a Salinas de Gortari, Calderón y Peña Nieto, quienes desde hace años han sido relacionados con residencia o estancias prolongadas en Madrid. La mención no es menor: se trata de expresidentes asociados a proyectos neoliberales, cuestionamientos por corrupción, guerra contra el narcotráfico y redes políticas que siguen siendo parte del debate público mexicano.
La nueva ofensiva discursiva ocurre después de que Ayuso cancelara su participación en los Premios Platino en México, en medio de críticas por sus posturas sobre la historia colonial y por el uso político de un evento cultural. El grupo hotelero vinculado a la gala negó haber recibido amenazas del Gobierno de México y explicó que solicitó retirar la invitación para evitar la politización del encuentro.
El episodio también exhibe la estrategia de sectores de la ultraderecha española que buscan intervenir en debates latinoamericanos desde una supuesta defensa de la libertad, mientras omiten el peso histórico de las élites económicas y políticas que han encontrado en Madrid un espacio de protección e influencia. Lejos de responder a los cuestionamientos de fondo, Ayuso convirtió su viaje fallido en una nueva plataforma de confrontación contra México.
La polémica refuerza una tensión más amplia entre el gobierno mexicano y figuras conservadoras españolas que han insistido en relativizar el pasado colonial y desacreditar al proyecto político actual. En ese contexto, Madrid aparece no sólo como capital europea, sino como punto de encuentro de una derecha transatlántica que intenta recomponer su discurso frente al avance de gobiernos progresistas en América Latina.
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