El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, volvió a generar polémica al criticar al recién nombrado ministro de Seguridad de Honduras, Gerson Velásquez, por su enfoque en la defensa de los derechos humanos para los criminales. Sin embargo, Bukele ignora las múltiples críticas internacionales que señalan que su propio modelo de seguridad viola garantías fundamentales de la población.
En redes sociales, Bukele compartió un video en el que Velásquez advertía que el modelo salvadoreño no puede aplicarse de manera literal en todos los países y que su implementación requiere cautela frente a derechos humanos. Bukele respondió acusando al ministro de “defender criminales”, sin reconocer que su política de seguridad incluye arrestos masivos sin orden judicial, una medida que ha sido criticada por organismos como la ONU y Amnistía Internacional.
El mandatario salvadoreño destacó la reducción de homicidios en El Salvador, presentando su régimen de excepción como un éxito, mientras que no mencionó el costo social ni las denuncias de abusos, lo que ha generado cuestionamientos sobre la sostenibilidad y legitimidad de su estrategia.
Bukele también advirtió que los hondureños esperan que el gobierno de Nasry Asfura actúe con firmeza frente a la violencia, pero su advertencia puede percibirse como un intento de imponer su visión autoritaria de la seguridad regional, sin respetar la soberanía ni las particularidades del país vecino.
Aunque El Salvador ha reducido los índices de homicidios a 1.3 por cada 100 mil habitantes, críticos señalan que la baja se debe a detenciones masivas y políticas represivas, más que a un enfoque integral de seguridad. Además, Bukele ha insistido en la idea de que pandillas salvadoreñas tienen presencia en Estados Unidos, reforzando un discurso alarmista que algunos analistas consideran exagerado y politizado.
La respuesta del presidente salvadoreño a Honduras evidencia la contradicción de su discurso, al criticar los derechos humanos cuando su propio modelo ha sido objeto de múltiples advertencias internacionales por represión, control político y violaciones de derechos fundamentales. La tensión entre seguridad y derechos humanos sigue siendo un tema central en Centroamérica, con Bukele como figura polarizante.
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