Canadá redefine su estrategia comercial global y se acerca a China en medio de tensiones con EE.UU.

Beijing ve en Canadá un socio clave en su estrategia de diversificación comercial global

El Gobierno de Canadá dio un giro estratégico en su política comercial al concretar acuerdos clave con China, particularmente en el sector de los vehículos eléctricos, en un momento marcado por la renegociación del T-MEC y el endurecimiento del discurso proteccionista del Presidente estadounidense Donald Trump.

Durante un encuentro oficial en Beijing, el Primer Ministro canadiense, Mark Carney, expuso ante el Presidente chino Xi Jinping que el fortalecimiento del vínculo bilateral responde a la necesidad de adaptarse a un nuevo orden económico global. En ese contexto, dejó claro que Ottawa busca diversificar sus alianzas internacionales ante un escenario de creciente incertidumbre comercial.

Desde la perspectiva de Beijing, Xi Jinping interpretó este acercamiento como el inicio de una etapa más estable y constructiva en la relación entre ambos países. El mandatario chino subrayó que los contactos recientes permitieron reactivar mecanismos de cooperación económica y política que habían estado paralizados, con beneficios no sólo bilaterales, sino también para la estabilidad global.

Uno de los anuncios más relevantes fue el acuerdo para permitir la entrada de cerca de 50 mil vehículos eléctricos fabricados en China al mercado canadiense con aranceles reducidos, a cambio de que Beijing disminuya gravámenes a productos agrícolas estratégicos como la canola y elimine restricciones a otros bienes canadienses. Esta decisión rompe con la política arancelaria conjunta que Canadá y Estados Unidos habían adoptado en 2024 frente a los autos eléctricos chinos.

El movimiento de Ottawa ocurre a pocos días del inicio formal de las negociaciones para revisar el T-MEC, lo que añade presión a una relación ya deteriorada con Washington. En paralelo, Xi Jinping planteó ampliar la cooperación con Canadá más allá del comercio, incluyendo intercambios en educación, cultura, turismo y deportes, como parte de una agenda de confianza mutua a largo plazo.

El contexto regional se ha tensado aún más por las recientes declaraciones de Donald Trump, quien desde Detroit cuestionó abiertamente la utilidad del T-MEC para Estados Unidos y sugirió que su país no depende de los productos canadienses. Estas afirmaciones se suman a una serie de advertencias y presiones diplomáticas dirigidas tanto a Canadá como a México.

En materia energética, Canadá y China avanzaron en una hoja de ruta que contempla mayores exportaciones de petróleo, gas natural licuado y uranio, así como la atracción de inversiones chinas en sectores estratégicos. Ambos gobiernos firmaron un memorando para fortalecer la cooperación energética, reconociendo que los combustibles convencionales seguirán siendo relevantes durante la transición energética.

Analistas internacionales interpretan estos acuerdos como un intento de Canadá por reducir su dependencia económica de Estados Unidos y protegerse del impacto de los aranceles impulsados por Trump. Sin embargo, también advierten que este viraje podría provocar represalias comerciales por parte de Washington, especialmente si percibe que los beneficios para China afectan a los exportadores estadounidenses.

El acercamiento entre Ottawa y Beijing deja a Canadá en una posición delicada, obligado a equilibrar su relación con dos de las mayores potencias económicas del mundo, mientras enfrenta presiones internas del sector agrícola y de provincias que rechazan la flexibilización de aranceles a los vehículos eléctricos chinos.

Foto: Redes

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