El Comando Sur de Estados Unidos confirmó que realizó un ataque contra una embarcación en aguas internacionales del Pacífico Oriental, a la que vinculó con actividades de narcotráfico. La operación, llevada a cabo el 19 de marzo, dejó al menos tres sobrevivientes, sin que hasta ahora se haya precisado el número total de víctimas.
De acuerdo con el propio mando militar, la acción fue ejecutada por la Fuerza de Tarea Conjunta Lanza del Sur bajo la dirección del general Francis L. Donovan. Según su versión, la embarcación —descrita como de bajo perfil— transitaba por rutas identificadas con el tráfico de drogas y era operada por lo que califican como “organizaciones terroristas designadas”.
Tras el ataque, las autoridades estadounidenses señalaron que notificaron a la Guardia Costera para activar labores de búsqueda y rescate de los sobrevivientes. El Comando Sur aseguró que ninguno de sus elementos resultó herido durante la operación.
Sin embargo, este tipo de acciones ha generado crecientes cuestionamientos a nivel internacional. Desde septiembre pasado, cuando el gobierno del presidente Donald Trump intensificó su estrategia de combate bajo la etiqueta de “narcoterrorismo”, se han documentado al menos 157 personas muertas en ataques similares contra pequeñas embarcaciones, muchos de ellos señalados por organizaciones y analistas como posibles ejecuciones extrajudiciales.
La falta de evidencia pública que sustente la clasificación de estas embarcaciones como objetivos terroristas, así como el uso de fuerza letal en altamar, ha encendido el debate sobre los límites del accionar militar estadounidense fuera de su territorio y las implicaciones legales y humanitarias de estas operaciones.













