Un reciente análisis internacional evidenció el grave impacto ambiental del conflicto armado en Medio Oriente, donde en apenas 14 días se han generado más de 5 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, acelerando el agotamiento del presupuesto global de carbono a un ritmo superior al de decenas de países.
El informe, difundido por el medio británico The Guardian, detalla que la combinación de operaciones militares, incendios, destrucción de infraestructura y consumo masivo de combustibles fósiles ha convertido la región en un foco crítico de contaminación climática.
El investigador Patrick Bigger, del Climate and Community Institute, explicó que cada acción bélica —como el uso de misiles o ataques a instalaciones energéticas— incrementa directamente el calentamiento global, al tiempo que advirtió que estas acciones no aportan mayor seguridad, sino que agravan la inestabilidad ambiental del planeta.
Entre los principales factores de contaminación, destaca la destrucción de aproximadamente 20 mil edificios civiles, lo que generó 2.4 millones de toneladas de CO₂, de acuerdo con datos de la Media Luna Roja iraní.
Asimismo, las operaciones militares implicaron el consumo de entre 150 y 270 millones de litros de combustible, utilizados por aeronaves, embarcaciones y vehículos, lo que derivó en más de 529 mil toneladas de emisiones contaminantes.
Otro de los mayores impactos provino de ataques a infraestructura energética. La quema de entre 2.5 y 5.9 millones de barriles de petróleo, tras bombardeos a depósitos de combustible y represalias en la región del Golfo, produjo cerca de 1.88 millones de toneladas de CO₂.
A ello se suma la destrucción de equipo militar, incluyendo aeronaves, buques y sistemas de misiles, que generó más de 172 mil toneladas de dióxido de carbono, además de otras 55 mil toneladas derivadas del uso intensivo de armamento, como misiles, drones e interceptores.
En conjunto, estas acciones elevaron las emisiones totales a 5 millones 55 mil toneladas de CO₂ en solo dos semanas, una cifra alarmante para los expertos.
El análisis advierte que, de mantenerse este ritmo, las emisiones podrían alcanzar 130 millones de toneladas en un año, equivalente a las emisiones anuales de países completos como Kuwait o incluso a la suma de decenas de naciones con baja huella de carbono.
Bigger también alertó que los conflictos energéticos tienden a reforzar la dependencia de los combustibles fósiles, lo que podría perpetuar modelos contaminantes durante generaciones. En ese sentido, sostuvo que el trasfondo del conflicto no se limita a la seguridad, sino que está ligado a intereses energéticos globales, cuyos efectos recaen principalmente en la población civil y trabajadores a nivel mundial.
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