La American Society de México se deslindó de actores que busquen boicotear la relación entre México y Estados Unidos, luego de la polémica generada por una cena en la que participaron dirigentes opositores, empresarios y representantes de distintos sectores políticos. El organismo defendió el encuentro como un espacio de diálogo binacional, aunque mantuvo su propuesta de crear un Tratado de Lucha contra el Crimen entre ambos países.
Larry Rubin, presidente de la organización, aseguró que la intención de la American Society es fortalecer la relación bilateral y no afectar al gobierno mexicano. Sin embargo, el debate creció porque el evento fue copatrocinado por empresas de Grupo Salinas y contó con la presencia de figuras del PRI, PAN, Movimiento Ciudadano y Partido Verde, en un contexto de tensión política por los llamados a una mayor intervención de Estados Unidos en temas de seguridad.
El planteamiento central del organismo es impulsar un nuevo marco de cooperación contra el crimen, separado del T-MEC y negociado entre áreas de seguridad de ambos países. Aunque Rubin afirmó que la cooperación no debe debilitar la soberanía mexicana, la propuesta revive el temor de que Washington utilice el combate al crimen como puerta de entrada para imponer condiciones políticas y operativas sobre México.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha señalado en distintos momentos que la cooperación con Estados Unidos debe darse bajo respeto a la soberanía nacional y sin subordinación. Ese punto resulta clave frente a la administración de Donald Trump, que ha usado la agenda de seguridad, migración y narcotráfico como presión constante contra México y América Latina.
Rubin también sostuvo que se buscará presentar formalmente la propuesta al gobierno federal y trabajar con el Senado para avanzar en su discusión. El problema de fondo es que cualquier esquema bilateral de seguridad con Estados Unidos debe evitar repetir viejas fórmulas de injerencia, vigilancia y presión política disfrazadas de cooperación.
La polémica alrededor de la cena exhibe la disputa por el rumbo de la relación México-EU: por un lado, sectores empresariales y opositores que empujan una agenda más alineada con Washington; por otro, un gobierno que plantea cooperación sin renunciar a la soberanía. En ese equilibrio se definirá si la seguridad binacional se construye desde el respeto mutuo o desde la lógica intervencionista que históricamente ha favorecido a Estados Unidos.
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