En un ambiente de alta tensión política, las congresistas demócratas Ilhan Omar y Rashida Tlaib interrumpieron el discurso del presidente Donald Trump, acusándolo de mentir y responsabilizándolo por la muerte de ciudadanos estadounidenses durante operativos federales.
El momento se produjo cuando el mandatario defendía su política migratoria ante una sesión conjunta del Congreso, asegurando que la prioridad del gobierno es proteger a los ciudadanos estadounidenses por encima de quienes se encuentran en el país sin estatus legal. Sus palabras fueron celebradas por legisladores republicanos, mientras que la bancada demócrata respondió con abucheos y visibles gestos de rechazo.
La confrontación escaló cuando Tlaib responsabilizó directamente al presidente por la muerte de un ciudadano estadounidense durante redadas migratorias en Mineápolis, haciendo referencia al caso de Alex Pretti, fallecido en enero en un operativo federal. La congresista sostuvo que la narrativa oficial criminalizaba injustamente a la víctima y cuestionó la legitimidad de las acciones federales.
Por su parte, Omar reaccionó con indignación cuando el presidente volvió a lanzar señalamientos contra la comunidad somalí en Minnesota, acusándola de prácticas fraudulentas y de importar dinámicas de corrupción al país. La legisladora calificó las afirmaciones presidenciales como falsas y peligrosas, argumentando que ese tipo de discurso estigmatiza a comunidades migrantes y profundiza la división social.
Durante su intervención, Trump insistió en que su administración ha logrado establecer lo que considera “la frontera más sólida en la historia del país”, asegurando que en los últimos meses no se ha permitido el ingreso irregular de extranjeros. Al mismo tiempo, reiteró que su gobierno continuará facilitando la entrada de migrantes que cumplan con los requisitos legales y contribuyan al desarrollo nacional.
La controversia se produce en medio de una crisis política derivada de la muerte de dos ciudadanos estadounidenses durante protestas relacionadas con redadas migratorias en Mineápolis, situación que desembocó en el cierre del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), intensificando el debate sobre el alcance y las consecuencias de las políticas migratorias federales.
El episodio evidenció la profunda fractura política en el Congreso y dejó claro que la política migratoria seguirá siendo uno de los ejes centrales de confrontación rumbo al próximo ciclo electoral.
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