El presidente Donald Trump ordenó una serie de ataques aéreos masivos en Siria, presentándolos como represalia por la muerte de dos soldados estadounidenses y un intérprete la semana pasada. La operación, bautizada como «Hawkeye Strike», involucró más de cien municiones de precisión contra presuntas infraestructuras del Estado Islámico (ISIS).
El Secretario de Defensa, Pete Hegseth, describió los ataques como una «declaración de venganza», afirmando en redes sociales que las fuerzas estadounidenses «cazaron y mataron a nuestros enemigos. Muchos de ellos». Sin embargo, las autoridades no han proporcionado detalles sobre el número de víctimas.
El nuevo gobierno interino sirio, encabezado por Ahmed al-Sharaa, respaldó la operación militar estadounidense. En un comunicado, el Ministerio de Asuntos Exteriores sirio reiteró su «compromiso inquebrantable de combatir a ISIS» e invitó a la coalición internacional a apoyar estos esfuerzos.
Esta colaboración marca un cambio significativo en la relación bilateral, que se ha venido estrechando desde la reunión entre al-Sharaa y Trump en la Casa Blanca el mes pasado. Al Jazeera reportó que el gobierno sirio habría «aprobado» la operación, en lo que analistas ven como un intento de Washington por consolidar al nuevo liderazgo pos-Assad.
Militarización permanente
Aproximadamente mil soldados estadounidenses permanecen desplegados en Siria como parte de una operación de años contra los remanentes del Estado Islámico. El Comando Central de EU (CENTCOM) informó que en los ataques se desplegaron «aviones de combate, helicópteros de ataque y artillería», con el apoyo adicional de fuerzas jordanas.
La retórica de «venganza» preocupa a observadores, quienes señalan que estos ataques se suman a una escalada militar continua en la región. «Esto no es el comienzo de una guerra —es una declaración de venganza«, declaró Hegseth, sin aclarar los criterios legales o estratégicos que guían estas acciones.
El ataque que desencadenó esta respuesta ocurrió en Palmira, donde un atacante individual mató a tres estadounidenses antes de ser abatido. EU atribuyó el atentado a ISIS y prometió represalias inmediatas, las cuales se materializaron con los bombardeos reportados este fin de semana.
La situación ilustra la complejidad del conflicto sirio, donde una frágil administración interina coopera con una potencia extranjera que mantiene tropas en su territorio, mientras ambos bandos enfrentan las consecuencias de más de una década de guerra.
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Fotografía: Redes













