Autoridades de Estados Unidos reportaron el aseguramiento de más de 43 mil cartuchos de munición en el puerto fronterizo de Mariposa, en Arizona, durante una inspección de salida en Tucson. El decomiso fue informado por el embajador estadounidense en México, Ronald Johnson, quien lo presentó como parte de los trabajos bilaterales para frenar el tráfico ilegal de armas y municiones hacia grupos criminales.
De acuerdo con la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, los oficiales localizaron 40 cajas con 15 mil cartuchos en un vehículo y otras 44 cajas con 28 mil cartuchos calibre 7.62×39 en una segunda unidad. La acción se realizó con apoyo de tecnología de inspección no intrusiva, utilizada para detectar cargamentos ilícitos sin necesidad de desmontar por completo los vehículos revisados.
Aunque el gobierno de Donald Trump buscó enmarcar el operativo como parte de su estrategia contra los cárteles, el decomiso también subraya una realidad que México ha señalado durante años: una parte importante del poder de fuego del crimen organizado proviene del tráfico de armas y municiones desde territorio estadounidense. En ese sentido, la acción no representa una concesión, sino una responsabilidad que Washington debe asumir de forma constante.
El embajador Johnson destacó la colaboración entre ambos países en materia de seguridad y aseguró que el trabajo conjunto fortalece la protección de ambas naciones. Sin embargo, el caso también confirma que la cooperación bilateral debe operar en ambos sentidos: México ha colaborado en seguridad y combate al crimen, pero bajo el principio de soberanía, coordinación institucional y no subordinación a decisiones de Washington.
El aseguramiento ocurre en un contexto en el que México ha insistido en que el combate a los grupos criminales no puede concentrarse únicamente en el territorio mexicano, sino también en el control del flujo de armas, municiones y recursos que cruzan desde Estados Unidos. Frenar ese tráfico en los puntos de salida es una obligación central para reducir la capacidad operativa de las organizaciones delictivas.
Por ahora, las autoridades estadounidenses no detallaron si hubo personas detenidas por este decomiso. El caso vuelve a colocar sobre la mesa la necesidad de que Estados Unidos refuerce sus controles internos, no sólo sus discursos de presión hacia México. La seguridad compartida exige corresponsabilidad: México coopera, pero Washington también debe actuar sobre el origen del armamento que alimenta la violencia en la región.
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